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Descifrando a Gettleman. La offseason de los NY Giants

Dave Gettleman confinado en casa preparando el draft. Foto: familia Gettleman

Cuando faltan menos de diez días para el draft y los mocks se disparan en todas las direcciones llega el momento álgido de la confusión y el engaño por excelencia en la NFL. Es el momento en el que no tienes ni idea de qué creer y qué no, y en el que el engaño deja de venir desde fuera y empieza a venir desde dentro de ti mismo, porque acabas convenciéndote de acabará sucediendo lo que tú crees, y que el general manager de tu equipo elegirá a quien tú estás pensando. Si aún no lo crees, es que estás en el estado emocional previo a esta crisis. Crisis que por cierto dura hasta el día del draft, concretamente hasta que tu equipo está en el reloj, cuando se te viene abajo todo el chiringuito de los últimos días y te topas en modo pánico con la realidad. ¿Y si no lo elige?

En este artículo no pretendo adivinar (y mucho menos recomendar) qué jugadores debería elegir Gettleman a partir del día 23, simple y llanamente porque seguramente no lo sabrá ni él. Pero establecer el contexto de la situación del equipo puede ayudar a que el escenario del autoengaño, que seguramente también llegará, esté más justificado.

Punto de partida

Para empezar a explicar lo que podría suceder el próximo día 23 debo remontarme al 22 de diciembre del año pasado. Los Giants jugaban en Washington en el penúltimo partido de la temporada con el pick #2 provisional del draft y con el run run de los propietarios de que a final de la temporada habría que hablar seriamente de cómo cambiar el rumbo de la franquicia. Blanco y en botella, los dueños tenían sentenciado a Shurmur. Pero Gettleman, tal y como reconoció en su rueda de prensa a final de temporada, intentaba salvarle. Y en ese tira y afloja, con Manning maravillosamente despedido con una victoria frente a Miami, la decisión fue seguir compitiendo los dos partidos que quedaban de temporada. Antes de que me saltes a la yugular por lo que estoy insinuando, y que defendí meses atrás en el podcast de los Giants en español Zona Gigantes, diré que no defiendo en absoluto el tanking, me parece una idea terriblemente tóxica para el destino de una organización. Pero hay un caso, sólo uno, en el que sí que lo justifico, el que tiene lugar cuando la cultura de un entrenador ya sentenciado se ha desmoronado por completo y en la que los que toman las decisiones en la franquicia saben que se reseteará junto con media plantilla al finalizar la temporada. Si cuando decides despedir a un entrenador comienzas la nueva temporada con la búsqueda del sustituto, no veo razón para no empezarla también en el resto de decisiones de la gerencia, aunque afecten en el terreno de juego. Este es el único deporte en el que, en una situación concreta en la que no tienes nada que ganar, perder tiene un premio. Y gordo. Perder aquel partido (hay muchas formas de hacerlo) habría retenido el pick #2 para los de Nueva York. Ganarlo le asignó el #4. Haber ganado a los Eagles en la última jornada les habría bajado hasta el #7/#8. Luego volveremos sobre esto.

Pasado ese vendaval, llegó el siguiente casi de forma concatenada con el desplante del flamante casi nuevo head coach Matt Rhule, al que ya creían contratado, y la aparición casi celestial de Joe Judge, proveniente de los Patriots, con su cultura y seguramente su forma de jugar bajo el brazo. Old School, como Gettleman. Luego volveremos sobre esto.

Antes de la agencia libre se sucedieron las especulaciones acerca de si Gettleman renovaría a su más firme apuesta en contrataciones durante la pasada temporada, Leo Williams. Y a día de hoy ya sabemos que fue taggeado por Gettleman porque el acuerdo de larga duración ha sido imposible debido a los $15M que pide el jugador por temporada. Calcula el equivalente de dos años y poco como petición de dinero garantizado. Inasumible para un jugador que había ayudado ligeramente a detener el juego de carrera rival pero sin vestigios de pass rush. El problema principal ha sido haber pagado por él una 3ª ronda de 2020 y una 5ª de 2021, lo que fuerza la situación a tener que renovarle, dándole el mango de la sartén al jugador en la negociación. Gettleman dijo antes de ayer que no estaba preocupado porque Williams «no se iba a ir a ningún lado» y que jugará este año bajo el tag. Yo tampoco estoy preocupado, pero hay que tener presente que ese dinero, o como poco el liberado por un acuerdo de larga duración razonable podría haber ayudado a fichar el pass rusher élite que necesita este equipo. Varias fuentes afirmaron que Giants estuvo en la puja por Clowney y Ngakue, pero tal y como dijo el otro día Gettleman, no está interesado en sobre pagar por un pass rusher. Puede que incluso yo esté de acuerdo ya que sobre pagar es una expresión muy subjetiva. 

Agencia Libre

Y entonces llegó la agencia libre. Con más de $70M disponibles en el cap, siguiendo su filosofía de que “los ataques hacen puntos pero las defensas ganan campeonatos” ha invertido más de $40M del cap en defensa con las contrataciones de Bradberry (CB, $10M), Blake Martínez (ILB, $10M), Kyler Fakrell (OLB, $4.5M), Austin Johnson (DT, $1.5M), el citado tag de Leo Williams (DT, $16M) y la merecida renovación de David Mayo (ILB, $3.5M). Salvo la gestión del asunto Williams, que acumula derroche tras derroche (primero en picks y luego en cap) por un jugador que no ha demostrado ni mucho menos lo que se está pagando por él, el resto de fichajes tienen muchísimo sentido y se han conseguido a precios razonables, dentro de lo poco razonable que suele ser la agencia libre. Y de esos fichajes se atisba un aroma inevitable a defensa Patriot que alternará sistemas 3-4 y 4-3 bajo la mano de Patrick Graham, ex coordinador defensivo de Dolphins y anteriormente miembro de la familia patriota durante 10 años. Eso dejaría, bajo mi punto de vista, 3 posiciones a rellenar en defensa cuyo reparto de importancia podría focalizar el draft hacia una u otra. Posiciones para las que Nueva York podría tener las soluciones ya en la plantilla, con jugadores que rindieron de forma excelsa en sus últimos partidos de la pasada temporada. OLB para el rush, donde ya cuenta con Oshane Ximines (3ª ronda de 2019), ILB de cobertura, donde ya tiene a Connelly (5ª ronda de 2019) y Free safety, donde ya drafteó a Julian Love (en la 4ª ronda también de 2019).

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En ataque la inversión ha sido inferior, seguramente porque frente a la defensa 30 de la liga en puntos encajados, el ataque ocupó la posición 18 el pasado año. A las contrataciones de Cameron Fleming (RT, $3.5M), Levine Toilolo (TE, $3.2M), Colt McCoy (QB, $2.2M) y Dion Lewis (RB, 1.5M) se le han unido las renovaciones de varios receptores sin mucha influencia en el juego del año pasado, el QB back up y el tercer RB. Cody Core (WR), Corey Coleman (WR), Da’Mari Scott (WR), Alex Tanney (QB) y Elijaa Penny (RB). En total, estos 9 jugadores no impactan mucho más de $17M contra el cap y raro es que de ellos saliera más de un único titular (Fleming). De las nuevas contrataciones se puede leer entre líneas que el equipo pretende virar ostensiblemente hacia el juego de carrera y potenciar el peso específico de Saquon en el juego. Toilolo es un excelente bloqueador y el propio Fleming, aunque flojea en la defensa contra el pase, goza de una buena movilidad para bloquear la carrera en distintos niveles. Además, la incorporación de Dion Lewis encaja mucho en la idea de usar el cada vez más extendido 1-2 en el backfield, no necesariamente a modo de comité. Pero tampoco dándole a Lewis el papel secundario de un backup tradicional al uso. Aunque Gettleman ya fracasó con Shurmur en una idea similar, quizá por incapacidad del staff de entrenadores o por falta de medios, esta vez quiere darle una nueva oportunidad al plan haciendo algunos cambios. Y para replicar lo que hicieron en Cowboys estos años pasados se ha traído a Jason Garret como OC y a Marc Colombo de entrenador de OL.

Pero una vez detectadas las carencias a este lado del balón, no se atisba en la plantilla proyecto alguno para rellenar los huecos que aún tiene la actual plantilla en ataque, que son de tanto valor posicional como los de la defensa. Left tackle y center empiezan a ser dos males endémicos que se repiten año tras año en el tiempo de forma preocupante. Para cubrirse las espaldas (que no la posición con garantías) los Giants han hecho efectivo el roster bonus de $3M de Solder (LT) y mantienen a Spencer Pulley (C) en la plantilla. La situación de ambos respecto al cap es casi grotesca, ya que Pulley, que no ha jugado en 2019, liberaría casi $3M sin dejar dinero muerto en caso de ser cortado, y Solder, cuyo rendimiento ha sido más que sospechoso, liberaría $10M, pero dejaría otro tanto anulado en el cap. Esta circunstancia dificulta predecir si se quedará o se marchará. Mi teoría es que cortarles no es una decisión que los Giants tengan que tomar hasta que dispongan de sus sustitutos en la plantilla. Y al 100% seguro llegarán en el draft. La cuestión es cuándo.   

OLB, ILB, FS en defensa y, LT y C en ataque son las necesidades de un equipo joven que, pese a su aparentemente prolífico draft del año pasado, tiene un problema bien grande, tanto por la cantidad como por el valor posicional de esos agujeros que aún tiene por rellenar. Se trata de los más caros y difíciles de encontrar en la agencia libre, y los que requieren picks más altos en el draft. Las elecciones de primera ronda de los dos últimos años dejaron escapar gran parte de ese valor al escoger a Saquon, un RB, en el pick #2 general de 2019, y de Daniel Jones en el #6, en lugar de subir desde el #17 a por él y haber cogido un pass rusher en el primer pick.

Y aquí es donde retomo los cabos sueltos que he ido dejando en diferentes partes del artículo, porque los Giants no tienen picks suficientes en este draft para cubrirlos todos, y eso muy probablemente va a condicionar su estrategia.

El draft

Gracias a la victoria en Washington y al trade hasta ahora deficitario de Leonard Williams, el capital de draft de los Giants será sustancialmente menor al deseable. Elegirá el #4 en lugar del #2, en cada ronda, salvo en la 3ª, que es la que mandó a los Jets por Leo. Esto hace que definir una estrategia para el draft sea tremendamente más complejo que en otro supuesto más deseable y ventajoso. Por dos motivos:

  • porque no tiene picks suficientes en las 3 primeras rondas para elegir todas las posiciones de alto valor que necesita, y
  • porque el pick #4 en este draft, tal y como se están desarrollando los acontecimientos y el orden de elección de los equipos, tiene muy poco valor negociador para bajar y poder obtener picks extra. Valor que sí tiene el #3. (Trata de imaginar el #2).

Todo ello deja lugar a varios escenarios y estrategias que podría seguir Gettleman el día del draft. Pero debido al desconocimiento de los picks #2 y #3, la decisión, con trade down o no, será a buen seguro on the clock.

La primera disyuntiva es si elegir jugador defensivo u ofensivo, que no es poca cosa. Pero a mí me gusta enfocarlo desde el prisma de qué jugador en un valor tan alto como un pick #4 va a ayudar a dar un salto más grande a su unidad. Las opciones se reducen a 3: OLB, ILB como defensas y OT como atacante.

Barajemos el supuesto de que en el #4 están disponibles Chase Young (OLB) e Isaiah Simmons (ILB). OT del primer grupo habrá seguro puesto que hay 4. Existe la duda razonable de pensar que es una decisión que les haya costado tomar, pero que Gettleman ya tendrá tomada. La teoría dice que el valor posicional del pass rusher es mayor que la del linebacker interior, pero Isaiah Simmons no es un ILB corriente, ya que tiene un gran rango lateral y profundo, que encaja a la perfección en la defensa híbrida que los Giants quieren implantar con Patrick Graham, y que permitiría reducir la necesidad de tener que elegir en una ronda media a un safety, donde también él puede jugar. Así que, añadiendo la idea de Gettleman de no querer sobre pagar por pass rushers (y el pick #4 es un precio alto, no digo que injusto) hay que suponer que, en el draft board de los Giants Simmons estaría por delante de Young.

Ahora el otro análisis sería definir si elegir a Simmons o a un OT, ¿cuál da un mayor salto a su unidad? Si pensamos que para la defensa entre Ryan Conelly (ILB) y Julian Love (FS) podrían cubrir las posiciones en que más encajaría Simmons, en el caso del OT no existe más alternativa que la de Solder, con 32 años, un rendimiento muy bajo los dos últimos años y con un impacto de $20M en el cap. Un OT de mayor talento y con capacidad casi inmediata para jugar, implementaría una mejora sustancial en el juego de los dos picks más altos del equipo los dos últimos años, Saquon y Daniel. Los pilares sobre los que se cimenta el actual proyecto y la credibilidad de Gettleman como drafteador de grandes jugadores.

Volviendo a la medida en valor posicional de Simmons y un OT del primer grupo, es legítimo pensar que elegir un OT con el pick #4 es un reach claro y en el caso de Simmons quizá no lo sea si estamos hablando posiblemente de un jugador generacional, por mucho riesgo que entrañe por su adaptación al siguiente nivel.

Ante todas estas dudas, se puede pensar que lo mejor sería bajar en el draft con una trade, pero para bajar en el draft, hace falta alguien que quiera subir, y lo razonable es pensar que quien quiera sobrepasar a Miami, que además es el único que puede pagar el alto precio que Washington pedirá por el #2, preferirá comprar el #3 de Detroit y no asumir ningún riesgo comprando el #4 exponiéndose a que le sobrepasen en el pick de Lions. Es lo más razonable, y lo que complica el trade down de Giants. Sólo una elección de quarterback de Washington o Detroit en su pick y la de Chase Young del otro, podría poner nerviosos a los que eligen por detrás de Nueva York y les obligaría a subir al #4. Pero lo dicho, ya on the clock, una vez conocidos los 3 primeros picks.

Pero ¿bajar hasta dónde? Gettleman ha dicho que no lo harían más allá de donde puedan elegir a un jugador generacional. Sabemos que Simmons encaja en ese calificativo, ¿pero lo hace también alguno de los 4 OT del primer nivel? En caso de que no, el límite es el pick #6 de Chargers, donde aún sería factible elegír a Simmons y saberlo antes de llevar a cabo el trade. Miami quedaría descartado por cuanto parece muy interesado en un QB y con el fichaje de Elandon Roberts para acompañar a McMillan tiene la posición cubierta. Cualquiera de esos trades podrían tener como contrapartida mínima (si no superior en e caso de Chargers) un pick de 3ª ronda. Miami tiene el #70 y Chargers el #71. Allí los Giants tendrían más fácil encontrar a su center sea cual sea la ruta que siga finalmente la estrategia del draft, ya que al #99 que actualmente tienen será más complicado que lleguen ciertos nombres.

No habría que perder de vista otros posibles trades con equipos que eligen más abajo, pero teniendo claro que implicarían descartar la opción de Simmons y forzarían la estrategia muy probablemente a la elección de un OT en 1ª ronda. En este escenario sólo los Jaguars encajan, aunque hayan dicho que van a muerte con Gardner Minshew. Difícil de creer al haberse conocido esta información en estas fechas de troleo generalizado. Ese trade Gettleman no lo haría por menos del pick de 2ª ronda (#42) y seguramente una 4ª o 5ª ronda. Como mínimo. Estamos hablando de sacrificar a Simmons para conseguir a un pass rusher o a un center mejor, ya que tendría más lógica elegir un jugador de un valor posicional mayor que un LB convencional. Mmmm, OT, OLB y C en las dos primeras rondas a cambio de Simmons. Podría ser buena opción también.   

Y hasta aquí las conjeturas sobre el pick de 1ª ronda de forma aislada, porque como hemos visto en los dos últimos supuestos, los de los trades, el draft es una estrategia en la que se ha de conseguir el mayor valor posicional al menos en las dos primeras rondas, si no en las 3 primeras, donde se deben conseguir titulares de impacto a corto plazo.  En ellas los Giants deben salir sí o sí con un OT y un C. El complemento lo debe decidir la opción de Simmons en 1ª ronda. Y he aquí la pregunta definitiva ¿qué estrategia es la que le da más valor a los Giants en sus tres primeras rondas?

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Estrategias para el draft

Ahora sí, vamos al lío, estas son las principales estrategias que Gettleman podría seguir en este draft. Elige la tuya y twiteamela a @pablogigante7:

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A) Elegir a Isaiah Simmons en el #4: Simmons fijaría toda la defensa junto con los jugadores ya en la plantilla y evitaría seguramente tener que draftear más jugadores defensivos antes de la 5ª ronda. Su pass rush interior, junto con el de Blake Martínez, podrían ahorrar al equipo tener que elegir a un rusher, labor que se confiaría a Ximines y Fackrell. Esta es la opción preferida de la mayoría de mis compañeros de Zona Gigantes, el Team Simmons. Isaiah Simmons, no matter what.

Para la 2ª ronda sería casi obligatoria la elección del OT, y para la tercera, muy probablemente un Center. Las rondas medias cubrirían WR, CB nickel, DT (como posible futuro sustituto de Williams si no firma el tago o no renovara después).

Aquí la clave está en que al no elegir OT, podría hacer que el cuarto de este primer grupo llegara incluso a Tampa (#14), y a partir de ahí no hay muchos equipos que tengan esta posición como principal prioridad habiéndose esfumado los mejores, lo que podría hacer que llegara al pick #36 de Nueva York el 6º/7º OT del draft, y que sería un jugador aún con mucho talento en una clase tremendamente profunda en la posición, algo que se ha encargado de resaltar Gettleman en los últimos días.

1ª (#4): Simmons            2ª (#36): OT        3ª (#99): C

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B) Elegir OT en el pick #4: Vale, ¿pero cuál? Porque Judge dijo ayer en su comparecencia de prensa que elegirían en el #4 al jugador de mayor talento y mayor progresión a futuro. Si es un OT, quizá no sea ninguno de los que ya están listos y por eso mantienen a Solder, con vista a que el novato no empiece como titular. Tristan Wirfs ha cogido mucha fuerza en las últimas semanas.

Aquí es donde hago de abogado del diablo y pongo sobre la mesa la opción de que Gettleman haya jugado al despiste afirmando no querer sobrepagar por un edge (OLB), pudiendo elegir a uno de los OT más formados y cortando a Solder para abrir el cap necesario para contratar a Ngakoue o Clowney. Remoto, pero posible.

Continuando con la opción del OT de mayor progresión, en 2ª ronda la idea sería muy probablemente un edge, para conseguir el rush al que se renunció sin Simmons. Y en 3ª (pick #99), un C si llegara alguno del primer grupo, y en caso contrario un receptor o un safety.  

1ª (#4): OT (Wirfs)         2ª (#36): EDGE             3ª (#99): C/WR/S

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C) Trade down al pick #5:

La razón de valorar este trade down a cambio de una 3ª ronda es porque si Miami hace este intercambio es porque no está desesperado por su QB, ya que no habrá subido más arriba, y lo hará seguramente para protegerse de Chargers, que muy probablemente no esté en la puja. En caso de estarlo, es más probable el siguiente supuesto.

C1) 1ª (#5): Simmons     2ª (#36): OT       3ª (#70): C     3º (#99) WR / CB

C2) 1ª (#5): OT       2ª (#36): EDGE  3ª (#70): C      3º (#99) WR / CB

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D) Trade down al pick #6:

El intercambio con Chargers será bastante más lucrativo que con Dolphins, ya que defender una posición no es lo mismo que querer adelantar a otro equipo en el draft. Y además Giants se expone a una posible subida de Panthers al #5 a por Simmons si estuviera aún en el board. Gettleman no aceptará menos de una 2ª si acepta ese riesgo.

D1) 1ª (#6): Simmons    2ª (#36): OT     2ª (#42): C     3º (#99) WR / CB

D2) 1ª (#6): OT          2ª (#36): EDGE  2ª (#42): C     3º (#99) WR / CB

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E) Trade down al pick #9:

1ª (#9): OT   2ª (#36): EDGE/C  2ª (#42): C/EDGE  3ª (#73): WR    3ª (#99): BPA  

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El valor estándar de esta subida es una 2ª ronda media-alta, pero al pretender subir y adelantar a uno o dos equipos que también parecen pretender QB, Gettelman podría conseguir una 2ª ronda de 2020 y, o bien una 3ª de 2020 (#73) o bien una 2ª de 2021 (una de estas dos).

No parece factible ningún intercambio de picks con un equipo que elija por debajo del #9.

Supongo que tú ya tendrás en tu cabeza tu opción preferida. Yo también. La D1) y la C1) tradeando hacia abajo y consiguiendo un pick extra además de Simmons son mis opciones preferidas, en ese orden. Pero tampoco me iría descontento a la cama el día 23 si Gettleman se anima a seguir la estrategia E), el trade down con Jaguars. En caso de no poder bajar, creo firmemente en que la opción A) es la que le da a los Giants el mayor valor como estrategia en las primeras rondas del draft, ya que el OT #6 ó #7 de este draft seguiría siendo un jugador muy importante en la posición y con un descenso de talento más bajo respecto al mejor OT en comparación con la diferencia de talento entre Simmons y la siguiente elección de jugadores que cubran el hueco que él no llenaría. Sea como fuere, dejemos que Gettleman nos sorprenda y nos saque de nuestro engaño. Siempre ha tenido esa habilidad natural para hacerlo.

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Cómo construir un equipo NFL

Michael Lombardi, ex ejecutivo de los New England Patriots entre 2014-2016, con 2 victorias en la superbowl, escribió no hace mucho en uno de sus artículos en The Athletic, “el primer error que hay que evitar cuando se gestiona una franquicia NFL es pensar que es una empresa diferente y que no funcionará la misma estrategia comercial. No es cierto, el football es un negocio, puro y simple, y el primer activo que se debe tener es el sentido común. Después, es necesario desarrollar el liderazgo de los entrenadores dentro de la organización, y por último, crear una identidad propia, una marca.

Viendo cómo construyeron sus equipos los mejores general managers de la liga, los que acostumbran a tener a sus equipos en playoffs o los que están sabiendo construir mejor sus opciones de cara a un futuro próximo, (Belichick, Schneider, Roseman, Snead y Ballard), pueden intuirse ciertas líneas de gestión similares entre sí. Y aunque fueron diversas las formas de crear cada uno de estos equipos, en fundamento, no difieren de la teoría de Lombardi, y necesitaron como cualquier plan exitoso, de una serie de premisas para poder llevarse a cabo.

ESTABILIDAD. Lo primero que se necesita para establecer un proyecto deportivo ganador es una cultura de equipo, y para definirla y asentarla es necesaria la confianza del propietario. No hay un equipo ganador sin estabilidad. El problema es que para conseguir la estabilidad y la confianza a largo plazo de un propietario en esta liga, paradójicamente, es necesario demostrar rápidamente que eres el adecuado para el puesto, y eso suele ser valorado sólo en resultados, en victorias. Para ello, lo normal es tener que demostrarlo en los dos primeros años en el cargo. Disponer de 3 años no es lo habitual.

Esa cultura debe trascender además al cuerpo de entrenadores, que son quienes terminarán de transmitir con su liderazgo la cultura a los jugadores en el terreno de juego. Deben ir en la misma línea de acción que la gerencia, y deben demostrar también sus habilidades para desarrollar jugadores en ese período razonable de tiempo de dos años. Muchas veces se pierde de vista la importancia de esta cualidad de los entrenadores cuando quizá sea la más importante de todas, ya que ella permite optimizar el roster y aumentar el valor de los activos más importantes de la franquicia. De ahí que la tendencia reciente en la NFL haya empezado a ser la de contratar primero al entrenador jefe (HC) con esas habilidades especiales y darle a él plenos poderes incluso por encima del general manager, que es contratado después ya con la aprobación del entrenador. O la opción de otorgarle el cargo de general manager al propio head coach. Es la disyuntiva de quién debe estar sobre quién y tener la última palabra.

Bill Belichick entrenador y GM de los NE Patriots con el trofeo Vince Lombardi. Foto: Getty Images.

DEFINIR LA VENTANA DE OPORTUNIDAD. El objetivo de este proceso es, mediante esa cultura, establecer la ventana de oportunidad de victoria en esos 2 años como mucho. Ese es el plazo para construir un equipo que sea contender al tercer año. Roseman y Belichick jugaron y ganaron su primera superbowl en su segundo año. Schneider jugó playoff en su primera y tercera temporadas, y posteriormente disputó dos superbowls en los dos años siguientes. Por su parte, Les Snead jugó la superbowl en su primer año como GM de plenos poderes. Sólo Chris Ballard, seguramente a causa de la prematura retirada de Andrew Luck que trastocó todos sus planes, aún no ha jugado el gran partido.

FICHAR PRIORIDADES. Definida la cultura, llega la hora de invertir los recursos de acuerdo a esa filosofía de juego, esa identidad que define qué tipo de equipo se quiere ser (corredor o pasador, defensivo u ofensivo, explosivo o gestor del reloj, …). Para ello, es muy importante establecer las prioridades y hacerse cuanto antes con los jugadores de las unidades principales para la forma de juego elegida, que en muchas de ellas suelen ser las trincheras, la líneas ofensiva (OL) y defensiva (DL). Una, para evitar que el rival corra con el balón, y otra, para hacer funcionar el propio ataque y poder manejar el ritmo del partido. Además, ambas unidades necesitan tiempo para compenetrarse, por lo que es recomendale fichar y/o draftear cuanto antes en esas posiciones. Pero en otras formas de juego podría ser vital por ejemplo la secundaria, lo que requeriría de abordar pronto otros perfiles de jugadores.

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OPTIMIZACIÓN DEL CAP. Pero en ese proceso de reclutamiento de jugadores de acuerdo al plan, otro objetivo debe ser siempre optimizar al máximo el cap, también con una cultura específica y una identidad en esta parcela de la franquicia. Por ello, no puede perderse de vista nunca el valor posicional de los jugadores, dentro de la liga y dentro del equipo. Ni todas las posiciones son igual de importantes dentro del equipo ni, ni todas las posiciones se pagan igual, ni todas tienen la misma durabilidad. Hay algunas que están mucho mejor pagadas que otras en la liga, y disponer de contratos rookie en algunas de ellas durante la ventana de oportunidad puede dar la flexibilidad para contratar o renovar mejores jugadores en otras posiciones del equipo. Usar las elecciones altas del draft para reunir el mayor talento posible mediante contratos de rookie en posiciones de bajo coste es una buena forma de malgastar los recursos de los que se dispone.  

Existen otras soluciones para conseguir talento a bajo coste a base de veteranos fiables y baratos en contratos de corta duración, o conseguir jugadores drafteados o renovados con contratos de larga duración a un coste inferior al de mercado por extenderles el contrato antes de de que se conviertan en agentes libres. No es necesario gastar mucho dinero en jugadores contrastados y caros para tener un equipo exitoso. De hecho, salvo Les Snead en su primer año, ninguno de los general managers de los que hablaba llevó a cabo este tipo de movimientos. Todo lo contrario.

RIESGO/BENEFICIO. Como en cualquier empresa, es fundamental obtener de tus inversiones el mayor beneficio con el menor riesgo posible. Por ello, siempre será peor pagar en la agencia libre por un jugador que viene de otro equipo (y que no has probado en tu sistema y en tu vestuario), que un jugador que ya demostró ser valioso dentro del equipo y que además ocupa una de las posiciones importantes dentro de tu forma de jugar. Es el mismo riesgo de la inversión del que se habla siempre en el draft. ¿Por qué iba a ser diferente en el resto de decisiones? La propensión a las lesiones, la edad y el carácter del jugador suelen ser las 3 variables a medir para valorar el riesgo y ajustar el precio de mercado del jugador de acuerdo a su rendimiento en el campo. Y también por lo tanto, para tomar o no la decisión de ficharlo o renovarlo.

Antonio Brown, la apuesta fallida de los Oakland Raiders. Foto: AP/Ben Margot

FLEXIBILIDAD: Además, y esta es una parte fundamental en la construcción de plantillas, esos contratos de agencia libre, firmados en la puja con otros equipos pretendientes, suelen firmarse con grandes cantidades de dinero garantizado, en su mayoría signing bonus que se prorratean en el tiempo en caps de años futuros. Algunos general managers creen estar ahorrando dinero en el cap del año presente, cuando lo que realmente están haciendo es comprometer el cap de los años siguientes. Y todo ello con el riego constante de lesión o ajo rendimiento del jugador, lo que en caso de querer cortarle o traspasarle dejaría grandes cantidades de dinero muerto en el cap, sin correlación de rendimiento en el campo.

En contraposición a esta estrategia, lo ideal, aunque difícil de conseguir, es repercutir contra el cap la mayor parte de los contratos por adelantado y prorratear la menor cantidad de dinero posible. Es decir, incluir en el cap del primer año la mayor cantidad de dinero garantizado, y que no sea mediante signing bonus prorrateados, sino en forma de salario y roster bonus (que no se prorratean en caps de años futuros). Esto dará flexibilidad total al equipo, ya que le permitirá decidir sobre el jugador ante cualquier eventualidad (lesión, bajo rendimiento o problema disciplinario), sin miedo a dejar grandes cantidades de dinero muerto que lastren a la franquicia durante un tiempo. Otra forma de conseguirlo es mediante contratos de corta duración. De este modo, el dinero gastado es más probable que se correlacione con rendimiento en el terreno de juego, ya que las renovaciones se harán por cantidades garantizadas menores y sin prorratear dinero.

Imagina la diferencia entre fichar a un jugador durante 4 años y con un signing bonus equivalente a 3 años del contrato, y otro jugador, no necesariamente mucho peor, con un contrato de un año en el que todo es salario. El primero de ellos es muy probable que si se lesiona el primer año, tengas que tenerlo al menos 3 años en el equipo, aunque no juegue. El segundo, puedes decidir cortarle en cualquier momento por la razón que sea. Se trata de dos casos extremos, ya que hay muchos matices y puntos intermedios, pero creo que se entiende la diferencia.

PLAN. El proceso ideal para crear una plantilla es draftear a tus jugadores, disponer de ellos 4 ó 5 años en contrato rookie y luego renovarlos al precio que merezcan de acuerdo a la importancia en el equipo y al rendimiento demostrado en él. En ese contexto, el riesgo es mínimo, ya que se conoce al jugador, (su historial de lesiones incluído), y se sabe cómo encaja en el sistema y el rendimiento que probablemente dará en el futuro. El riesgo de esta operación es mínimo. Por contra, está la opción de pagar en la agencia libre por jugadores que seguramente se fichen para suplir a algún jugador drafteado por el equipo que fracasó. Pagar a otro que hizo bien el trabajo que se hizo mal. Y ello, con un dinero garantizado que compromete el futuro de la franquicia. Riesgo máximo.

La primera opción te permitirá controlar las renovaciones y por tanto el dinero del cap, de tal manera que es más fácil ampliar tu ventana de oportunidad de victoria. La segunda opción te acerca a esa ventana de oportunidad pero aumenta también el riesgo de dejarte hipotecado a futuro y a merced de las posibles lesiones, bajones de rendimiento, etc… Lo que también reduce en gran medida el tiempo de duración de esa ventana de tiempo para ser competitivo para ganar. Lo cual no significa que como plan a corto plazo no pueda salir bien. Esa es la excusa a la que se agarran los general managers de nivel medio o bajo y que en muchoas ocasiones toman sus decisiones bajo la presión de necesitar resultados inmediatos. Esta fórmula, rara vez tiene la recompensa más grande.

Al final, todo buen plan se basa en la estabilidad, en la previsión que permita optimizar el cap y en poder mantener en el tiempo un sistema que permita reponer regularmente la plantilla de jugadores con el mayor talento y el menor coste posibles. Para ello, es importante no dejar los números al azar y conseguir la mayor flexibilidad de forma regular, ya que el football es un deporte lleno de contratiempos que requieren de soluciones rápidas y generalmente costosas.

Volviendo a la frase de Michael Lombardi de que el football es un negocio, conceptos como estabilidad, objetivos (ventana de oportunidad), optimización de recursos (cap), establecer prioridades (fichajes iniciales), minimizar los riesgos, aumentar los beneficios, reducir el apalancamiento (dinero prorrateado) y en definitiva, seguir un plan de acción, no dejan de ser el léxico por el que se guía cualquier empresa.

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Jerry Jones, dueño de los Dallas Cowboys (a la derecha), en la presentación de su nuevo head coach, Mike McCarthy.

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Juicio al plan del general manager

Todos hemos intentado alguna vez en nuestra infancia montar aquel coche por piezas que, ante el nerviosismo de tenerlo construido por completo para poder jugar con él cuanto antes, nos hemos dejado una pieza cruzada o sin poner por el camino. Conscientes de ese error previo, hemos llegado a ese punto reflexivo en que teníamos que decidir si desmontar el coche para construirlo perfecto, y así estar seguros de poder jugar con el coche que ansiábamos, o tirar para adelante y jugar con el resultado de nuestra omisión del error.

La decisión no sería un problema si mamá no nos hubiera avisado de que en breve había que ir a cenar. Después ya no habría tiempo para el coche ni su montaje, porque sería hora de ir a la cama en el ocaso del día cuando la paciencia de tu progenitora ya no está para historias de juguetes.

Ese momento reflexivo ha llegado para los New York Giants. No este mes o esta temporada, sino hoy, aquí y ahora, mientras lees este artículo, y mientras los Mara y los Tisch, propietarios de la franquicia, se indigestan con las críticas de la prensa de la ciudad en su desayuno.  ¿Es hora de deshacer el juguete y montarlo de nuevo? ¿O de tirar para adelante con el que está a medio construir?

Para responder esta pregunta, lo primero es analizar si el montaje en curso, la construcción de la plantilla actual, se está haciendo de la forma adecuada. O dicho de otro modo, si el plan de Gettleman de este verano tiene pies y cabeza. O chasis y ruedas, si aún estás con el coche de juguete. Según Gettleman el plan se cimentaba en el refuerzo de las trincheras y en la consecución del quarterback de futuro llamado a suceder a Eli Manning durante los próximos años. Y es con el prisma de este análisis cuando uno mira la plantilla y la ve jugar cada domingo. La línea defensiva es incapaz de parar el juego de carrera de ningún equipo, y cede multitud de puntos en los primeros drives. Y la línea ofensiva es eso, ofensiva. A la vista y a los sentimientos de sus aficionados. Por si esto fuera poco, la parte residual del plan era reconstruir por completo la secundaria, que aunque empieza a dar síntomas de mejoría, aún no es completamente fiable. Fue demasiado sacrificio elegir al quarterback de futuro el viciar un draft, el de este verano, renunciando a necesidades básicas que siguen sin cubrirse en la plantilla. Algo que deja aún más en evidencia el dudoso éxito de Gettleman en el draft es el fichaje de Leonard Williams hace días, al altísimo precio de una 3ª y una 5ª rondas. Tras tres defensive tackles draftedos por el equipo en los últimos 3 años, Gettleman ha tenido que hipotecarse por otro, de rendimiento más que dudoso, y por el que tendrá que dinamitar en breve su discurso ante la plantilla por tener que pagarle un buen puñado de millones a un jugador que viene de fuera. Y esto, sin haber sudado apenas la camiseta que otros llevan sangrando durante meses o incluso años.

Daniel Jones (QB) presionado por la defensa de los Dallas Cowboys.

Es en este punto donde el cuerpo me pide coger las instrucciones del juguete y ver en que paso del montaje está el error. Porque tiene que haberlo, y bien gordo, ya que el equipo está exactamente en el mismo punto que el año pasado. Al menos es lo que dice el balance. Y el que quiera justificar un año más de tedio y desesperación de gigantes abnegados con la excusa de haber encontrado a ese quarterback de futuro, es el ciego que no quiere ver del refrán. Daniel Jones, al igual que Kyler Murray en Arizona, Josh Rosen en Miami, Dwayne Haskins en Washington, Baker Mayfield en Cleveland, Sam Darnold en los Jets, e incluso Josh Allen en Buffalo, no puede ser la solución a todos los problemas de un equipo con más agujeros que campo de golf. Y quien ahora esté pensando que Lamar Jackson sí los ha tapado en Baltimore, además de ventajista, está pecando tanto de no conocer la capacidad de John Harbaugh para reconstruir sus equipos año tras año como de olvidar lo que una secundaria de 7 hombres ligeros de los Chargers le hizo parecer a Lamar en los playoffs del año pasado. Un chico de 20 años nunca puede ser la justificación a todas las decisiones ni la solución a todos los problemas que han sido incapaces de solucionar un front office y un staff de entrenadores llenos de personal con canas hasta en los pelos del entrecejo.

Así que tras la dolorosa derrota de los Giants en casa ante los Cowboys, que les coloca 2-7 y a 3 victorias de sus rivales divisionales con sólo 7 partidos por jugarse, la lucha por pelear esta temporada ha terminado. Y ha terminado también con las esperanzas de aquellos a los que sólo las matemáticas les han opacado un drama que se veía venir desde lejos. El plan de Gettleman no funciona. Al menos, no en los plazos establecidos. Una reconstrucción debe durar dos años, tres es un lujo. Pero aquí está mi duda. ¿En qué año de reconstrucción están realmente los Giants si han drafteado a su quarterback de futuro el pasado draft? En estos días se mira mucho a San Francisco y la paciencia que se capitaliza en éxito, pero ¿la reconstrucción de San Francisco realmente duró tres años? ¿Es un espejo en el que mirarse?

Si esperabas encontrar en este artículo la respuesta a la reflexión profunda a la que deben enfrentarse los Mara y los Tisch, me estás sobrevalorando. Pero creo necesario establecer el escenario y las dos direcciones sobre las que deben decidir los propietarios de una de las franquicias más legendarias de la liga y que lleva ya ocho años a la deriva.

Pat Shurmur (HC) y James Bettcher (DC) de los New York Giants.

Si se enfoca el asunto de una forma académica, la reconstrucción está aún en curso, teniendo en cuenta que el primer año de Gettleman y Schurmur se invirtió en tapar agujeros con yeso para ver si se podía competir con Manning. Algo que también nos han vendido esta pasada offseason, pero que se volvió a hacer a remiendos. De esas aguas vienen estos lodos. Pero el caso es que la plantilla al completo parece estar comprometida, se ha construido casi toda la secundaria y se ha conseguido al quarterback de futuro. El problema, la madre de todos los corderos, es si se podrá conseguir en el próximo draft el pass rusher con el que San Francisco cambió el rumbo de su historia reciente. Ganando partidos y eligiendo más allá del pick #8 es más que probable que Chase Young (DE), necesidad imperativa de Nueva York para el año que viene, no esté ya en el big board cuando Gettleman pueda entregar su primera tarjeta en el draft. Sí, que Dios me perdone, hablo de tankear. Los Jets llegan el domingo que viene y son serios rivales a elegir antes que los Giants en el draft, y a llevarse al codiciado Chase Young, el billete a una defensa de élite que este año en San Francisco consiguieron con Nick Bosa. Y a día de hoy, la defensa es el mayor problema. James Bettcher (DC) no es santo de mi devoción, pero esta línea continuista con el proyecto actual me lleva a pensar que con los nombres y el talento adecuados, su planteamiento podría funcionar durante 60 minutos de la manera que ahora funciona durante tres cuartos en casi todos los partidos. Por todo ello, si vamos a por ese billete premiado, el momento es ahora.

Chase Young (DE), uno de los prospects más codiciados del futuro draft.

Por otro lado, siguiendo una línea más transgresora y seguramente visceral, lo que pasa por la cabeza de muchos aficionados de los Giants (mentiría si dijera que no ha pasado por la mía también) es romper con un proyecto que se ha llevado por delante los dos últimos años de la franquicia para construir un coche con el que no se puede jugar, un equipo que sigue sin estar cerca de competir. Pero cómo de grande hacer la ruptura es otro quebradero de cabeza. ¿La solución es romper con todo el proyecto? ¿Con una parte? ¿Se van Gettleman, Schurmur y Bettcher? ¿Sólo dos? ¿Sólo uno? ¿Quién tiene la culpa? ¿La solución es fichar a Jim Harbaugh? ¿A algún head coach universitario? No me gustaría estar en la cabeza de los Mara en este momento. Pero es ahora cuando tienen que decidir si siguen con el mismo proyecto, luchando por victorias para no romper el entorno de compromiso (aunque también de incapacidad) de la plantilla. Y si esperan al próximo draft y la próxima agencia libre, ya con casi 100 millones para gastar, para ver si este proyecto, este plan, puede conseguir que el equipo sea un juguete con el que de verdad los aficionados de los Giants se puedan divertir. 

Pero ese supuesto desembocará en un pick #8, #10 ó #12, a saber, donde la capacidad de impacto del draft se vuelve más imprecisa, y donde se corre el riesgo de volver al mismo estado de sedación deportiva de un equipo con más pena que gloria. Y que además terminaría, un año más tarde, con el proyecto, con Gettleman, con Schurmur, con Bettcher y con la madre de Bettcher. Y a saber si también con contratos tóxicos que lastren a la franquicia, como aquellos que se eliminaron el pasado verano.   

Sea por una vía o por otra, el proyecto urge para ayer. Mamá está a punto de llamar a la cena y los fieles parroquianos de Nueva York no aguantamos más. Pero no sólo por casi una década de bochorno, sino porque se están yendo por el desagüe los bienes más preciados que tiene una franquicia en la NFL, el talento generacional y los contratos rookie de esas estrellas jóvenes elegidas en los últimos drafts. Saquon, Sterling Shepard, Evan Engram, Will Hernández, Daniel Jones, Dexter Lawrence, … Ese es realmente el juguete que todos tenemos miedo de tener que volver a construir desde el principio. Porque tomar la decisión equivocada y llegar tarde a cenar, implicará perder mucho tiempo hasta volver a disponer de las piezas para poder montar el coche. El coche con el que llevamos soñando jugar durante casi ocho años.

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