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Previa NY Giants 2021: Jugando con fuego

Todos los que hemos pasado por la universidad hemos tenido asignaturas que no nos motivaron. Por el horario, el profesor o la materia que se impartía, yo rehusé ir a clase y preferí centrarme en otras materias o quehaceres más ociosos que consideré más importantes en aquel momento. Cuando llegaron aquellos exámenes, obviamente tuve que tirar de apuntes ajenos y de las últimas horas previas para estudiar, porque aún siendo consciente de la precariedad de mis decisiones hasta el momento del examen, estaba convencido de que los aprobaría.

Ese exceso de confianza ha sido también la seña de identidad del general manager de los New York Giants, Dave Gettleman, durante las 4 offseasons que lleva en el cargo, las cuales se resumen en un balance global de 15-33 en 3 temporadas completas. Él aún no ha aprobado ninguno de sus exámenes, todos ellos con dobles dígitos en derrotas. Aunque ha pasado mucho tiempo desde aquellos “errores de cálculo” de 2018, como los calificó el propietario de la franquicia, John Mara, en la rueda de prensa en la que pasó revista del equipo de 2021, sigue sin estar claro a día de hoy con qué apuntes se está presentando Gettleman a su examen más importante hasta el momento.

La pasada agencia libre de los Giants ha sido un descarado intento por abrir una ventana de oportunidad de al menos 2 años. Quizá por tratarse de su segundo proyecto del general manager, y porque este se apoya en dos nombres impuestos o recomendados (llámalo como quieras) por el propietario, John Mara. Tanto Joe Judge (HC) como Jason Garret (OC) son apuestas personales del jefe, que se ha cansado de perder y ha pisado el acelerador para acortar los plazos hacia el éxito.

Apuestas arriesgadas en agencia libre

En una temporada en que el cap descendió por la sacudida del covid a la NFL y al resto del mundo, Gettleman se ha dado el capricho de firmar a la más grande de ese tipo de apuestas que lleva su firma inconfundible. Esa que quiere rescatar picks altos de draft que fracasaron en sus equipos. Leonard Williams(DE), después de ser etiquetado con el franchise tag en 2020, acaba de conseguir un contrato de promedio anual de $21M, casi a la altura del de Aaron Donald y Khalil Mack.

Para hacerlo posible, Gettleman dejó marchar a Dalvin Tomlinson (DT) y a Kevin Zeitler (G). Algo así como cuando yo dormía durante la clase desmotivante mi fiesta del día anterior. Cuando no vas a clase para darte un capricho eres plenamente consciente de que estás tentando a la suerte. Como cuando renuevas a jugadores que sólo han hecho una buena temporada por el hecho de que lo has traído tú. O cuando fichas jugadores con un importante historial de lesiones a golpe de talonario en la agencia libre. “Los chicos lesionados se lesionan”, llegó a decir Gettleman en una comparecencia ante la prensa no mucho antes de firmar a Kenny Golladay (WR), Adoree Jackson (CB) y Kyle Rudolph (TE), quienes apenas han entrenado juego 11 contra 11 durante la pretemporada. Si bien es cierto que esas incorporaciones deberían ayudar mucho al equipo a ambos lados del balón, su aportación sigue siendo una incógnita a día de hoy. Aunque parece que los tres estarán disponibles para Joe Judge en el partido de esta noche frente a los Broncos.

Kenny Golladay en el trainning camp de los NY Giants. Foto: Newsday.

Si el fichaje de los chicos lesionados parece arriesgado incluso con el beneplácito del médico, los movimientos del draft no lo fueron menos, ya que por primera vez en su carrera, Dave Gettleman traspasó un pick para bajar en el draft. Algo que podría haber sido muy positivo de no ser porque se supone que está en una temporada decisiva, en la que ha firmado tantos contratos y reestructuraciones importantes, y en la que tendrá que decidir qué hacer con Saquon Barkley (RB) y quizá con Daniel Jones (QB), en sus respectivas renovaciones. La primera de ellas, al parecer ya está en camino. El botín que hayas conseguido a cambio de diferir el valor de tu pick más importante a la próxima temporada, cuando aún tienes agujeros grandes que tapar en tu plantilla, realmente no importa, porque será más un parche ante el fracaso que un refuerzo para el éxito. No parece un movimiento inteligente, más bien temerario. Kadarius Toney será el sexto receptor en el equipo, y está muy por ver que Jason Garret tenga en su libro de jugadas la fórmula mágica para hacer de él un jugador de impacto inmediato en la liga. Además, su posición ya está cubierta (al menos este año) por Shepard (WR), por muy diferentes que puedan parecer como jugadores.

Asignaturas pendientes

Todo ello, junto con las recientes declaraciones de John Mara en las que afirmó que «no hacer playoff no sería un fracaso», hacen pensar que los Big Blue no tienen prisa porque lleguen los resultados y la apuesta es más por 2022 que por 2021, o al menos por el segundo tramo de esta temporada. Este año debe ser sí o sí, un año de crecimiento y de una mejora notable del equipo. Tanto en juego como en resultados de forma tangible en victorias. La afición no perdonará otro año de 5 ó 6 partidos ganados, y menos aún después del dispendio en contratos durante la offseason. Se exigirá mínimo un balance positivo y estar peleando la división hasta el último día, si no ganarla.

El problema para aprobar ese examen de final de temporada, es que Gettleman y sus Giants siguen sin disponer de dos partes importantes de la materia a evaluar: la línea ofensiva y los linebackers exteriores. El exceso de confianza le llevó a Gettleman a dar por hecho que los 3 picks que invirtió en el draft del año pasado (Andrew Thomas (LT), Matt Peart (RT) y Shane Lemieux(LG) afianzarían la línea ofensiva gracias al trabajo del cuerpo de entrenadores, la gran apuesta de Judge el día de su presentación. Y ese exceso de confianza le ha vuelto a jugar una mala pasada en el último draft, cuando por partida doble otros equipos se le adelantaron para elegir a los dos líneas ofensivos que le interesaban (reconocido por el propio Gettleman). Ello unido a la retirada imprevista de Joe Looney (C) y Zach Fulton (RG) por la paliza de pretemporada de Joe Judge, ha dejado a la unidad en cuadro, hasta tal punto que Nate Solder (RT) apunta a titular esta noche porque Matt Peart (RT) es incapaz de mejorar el rendimiento del veterano, el cual fue lastimoso en el último partido de temporada frente a los Patriots, todo sea dicho. Así que Gettleman ha tenido que buscar profundidad en la unidad entre los suplentes de otros equipos ya que entre los descartes previos a la temporada no había nada decente. Por ello, más que la validez y la permanencia de Daniel Jones (QB) en el equipo y en la liga, lo que está en juego es su propia salud. Jason Garret deberá evolucionar 20 años su playbook de vieja escuela que tanto desesperó a los fans de Giants para que su quarterback pueda jugar con un mínimo de garantías, y para que podamos juzgar al quarterback de una vez por todas.

Foto: Jamie Sabau/Getty Images

Y por si los hog mollies del ataque no fueran incertidumbre suficiente para Gettleman, otra de sus grandes apuestas en los drafts sigue sin esclarecerse, la de los edges. Las lesiones y las plantillas incompletas a lo largo de sus 3 primeros años como gerente han dado al traste con sus recurrentes picks de linebackers de presión. Los Giants volverán a apostar por el desarrollo de Lorenzo Carter (OLB, draft 2018), Oshane Ximines (OLB, draft 2019), Carter Coughlin (OLB, draft 2020), que no han hecho una temporada completa y siguen sin dar el paso que se espera de ellos. Confianza que tampoco debe ser muy grande puesto que Gettleman drafteó otro edge más con la segunda ronda de este año, Azeez Ojulari (OLB, draft 2021). Si bien con la incorporación de Adoree Jackson (CB), Aaron Robinson (DB) y Rodarius Williams (CB), la secundaria está más que afianzada y apunta a ser élite, el cuerpo de linebackers es la incógnita que el equipo debe resolver para poder estar en el top #10 de defensas de la liga, donde tiene su potencial, ya que fue la 12ª el año pasado.

NY progresará despacio, pero debe mejorar y mucho

En definitiva, los Giants y su general manager Dave Gettleman vuelven a estar a examen ante la afición, aunque no tanto ante su propietario, lo que hace pensar que la silla de Gettleman no peligra si la cosa no termina en descalabro. La que empezará a arder pronto es la del principal candidato a cabeza de turco si las cosas no van por su cauce, Jason Garret. Y no es injusto pensar que será de forma merecida ya que suya es la responsabilidad de un ataque que no ha funcionado y que fue el número 31 de la pasada temporada.

No hay que ser un visionario para intuir que los Giants tendrán un arranque lento, y que disfrutará de su verdadera pretemporada en los 4 partidos de septiembre (DEN, @WAS, ATL y @NO). Será complicado, pero deberá evolucionar en el tramo intermedio y final, cuando visitarán a algunos de los cocos de la liga (LAR, @KC, @TB, @MIA y @LAC) y tendrán 5 de los 6 partidos divisionales.

Pero si las cosas no empiezan a ajustarse para entonces, y el arranque del equipo vuelve a alcanzar las 6 derrotas en la segunda mitad de octubre, todos sabremos que Gettleman no hizo los deberes, y que fue incapaz de construir de una vez por todas la base de la plantilla a través del draft. Sabremos también que se equivocó de apuntes al pagar grandes contratos a jugadores cuya salud o rendimiento no se correspondieron con la inversión en ellos. Que dejó para última hora los fichajes de la línea ofensiva que debía permitir correr a Saquon y leer el campo a Daniel Jones, aplazando el valor del pick #11 en lugar de invertirlo en tapar algún agujero de esa unidad, que los tiene, vaya que si los tiene. Y aunque John Mara le permita presentarse al siguiente examen de septiembre para redimirse, la afición de los Giants y el resto de la NFL le pondrán un sonoro suspenso por haber jugado con fuego durante la toda la pasada offseason.

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Buceando en la Scott Fish Bowl (I)

Escuché hablar por primera vez del Scott Fish Bowl a Fernando Kallás en el podcast Zona Roja del diario As, hace unos cuantos años ya. Kallás hablaba de la ilusión que le hacía haber recibido un email para jugar una liga fantasy a la que sólo se accedía por invitación, ya que en ella jugaban todos los analistas fantasy americanos de prestigio. Tenía esa alegría suya de los martes de podcast posterior a una victoria de sus 49ers. Ayer yo sentí esa misma sensación. A mi edad ya me van ilusionando cada vez menos cosas, pero adoro cuando un giro inesperado me cambia el chip.

Después de haber intentado conseguir esa invitación para el Scott Fish Bowl de todas las maneras posibles durante semanas, reconozco que había dejado que me invadiera una inercia negativa que me hacía pensar que habría que posponer el asunto para el año que viene. Pero en uno de esos tonteos con el móvil de lunes por la mañana, vi que había recibido un email de «Scott Fish», porque así firma en el remite. En la SFB todo empieza por un email, la invitación. Un correo electrónico más largo que El Quijote, y que no te aclara ninguna de las dudas que te surgen en ese momento cuando lo recibes por primera vez. Scott Fish es un tipo al que le encanta la Fantasy como a cualquiera de nosotros pero que decidió hacer un torneo benéfico al que toda la gente del sector intenta ayudar. Puedes acceder a jugar la Scott Fish Bowl por varias vías: siendo famoso (con Telecinco siempre estás a tiempo), promoviendo causas benéficas, como analista/podcaster/escritor de fantasy (entiendo que es mi caso, gracias al capítulo de fantasy de mi libro, y si no mil gracias a quien me haya dado el empujoncito), o por sorteo entre los miles de fans que rellenan la solicitud cada año.

Aún estás a tiempo de rellenar tu solicitud en www.scottfishbowl.com.

El caso es que al recibir el email empiezo a buscarme en el listado de todas las divisiones en la web de la liga. 160 nada menos, de 12 jugadores cada una. Si haces la cuenta verás que son sólo 1920 jugadores los que tienen la suerte de participar es esta liga. Suerte porque se inscriben más de 10.000 para jugarla, y suerte porque tienes la posibilidad de medirte contra todos los analistas a los que lees cada temporada o cuyos podcasts escuchas para informarte de fantasy. Te parecerá una tontería, pero a mí el reto de jugar contra todos estos tipos me pone. Siempre he sido muy competitivo y además ahora disfruto cuando lo hago, porque cuando era más joven, al perder me cabreaba como una mona. De todos modos, en este torneo el premio será divertirme, porque no hay trofeo ni dinero en juego.

Como no me veo por ningún lado, empiezo a escribir a toda la gente del mundillo fantasy que conozco. Empiezo por Raka (de Spanishbowl y las 1001fantasy), que es el otro español que conozco que ya consiguió entrar en el torneo. Bueno, y mi Coach, Teo Polanco, acérrimo fan y sufridor de nuestros Giants, que es mitad yanqui y mitad hispano desde que vive en España. Raka está a otra cosa, no responde. Es Ricardo Chocrón, de la liga Cervantes (una de las grandes ligas fantasy del mundo hispano), y que ya había jugado la SFB hace años, quien me orienta y me dice que antes o después apareceré, y que tengo que buscar el chat que se hace acerca del pick en el que elegiré. Tócate las narices. Un chat en el que se junta la gente que elige en el pick #10, que es en el mío. Y me da el contacto para llegar a él. Allí me encuentro simulaciones de draft de todo tipo de esa gente que no conozco, y a la que no me apetece prestarle atención todavía. Yo sólo quiero saber mi división y contra quién juego.

Por fin vuelvo a la web de la SFB y hago otro repaso ansioso sin muchas esperanzas, pero por fin, ahí estoy. Conferencia 9, división «Black Eyed Peas». Cosas de Scott, las divisiones llevan nombres de grupos de música. Tras 11 ediciones de la liga supongo que la creatividad se complica. A este paso algún año se llamarán como la tabla periódica de elementos que teníamos achinchetada en la pared de la clase de física de cuando éramos pequeños. Ojalá pueda jugar algún día en la división del Estroncio. Tengo pocos caprichos, respetádmelos.

Lo siguiente es ver a mis rivales, pero para mi decepción, al haber recibido la invitación tan tarde, los grupos se van llenando con la gente vip y yo me quedo en un grupo con menos glamour porque no conozco a ninguno de ellos (aunque aún falta alguno por confirmar). Tres fans que han ganado su puesto por sorteo y el resto, analistas entre los que destaca un tipo de Pro Football Focus. No puedo con esa gente, que manera de estrujar los números para que digan cosas que irriten a la gente y crear debates absurdos. Así que ya tengo archienemigo, Roel Zavala. Saltarán chispas en nuestros enfrentamientos. Él no lo sabe pero ya le tengo manía.

(Juan Pena no es precisamente de Burgos. Vive en Atlantic City.)

Lo último ha sido seguir a varios analistas enfermizos que me están inundando mi timeline de twitter de mensajes intrascendentes, salvo uno. Es un artículo de una web que no conocía, pero cuyo título inevitablemente me ha enganchado: «Guía completa de la Scottfishbowl«, y oh sorpresa, el tipo da pistas de por dónde va la liga debido al tipo de puntuación. Enlaza a una base de datos en excell y añade un link a una web donde puedes hacer mock drafts de la SFB, sin eternizarte con otros 11 tipos que tienen 8 horas para elegir cada uno de sus 22 picks. Habré muerto de viejo antes de acabar esos mocks. Creo que buscaré otra manera de configurar mi draft board.

Por si te lo estás preguntando, el bueno de Scott cambia el formato de puntuación cada año. La liga es half PPR (medio punto por recepción), pero este año hay kickers y los TE suman medio punto más por recepción y por 1er down, así que habrá puñetazos por ellos. También porque la estructura de la alineación no es la convencional. Es algo así como:

QB, RB, RB, WR, WR, WR, TE, QB/RB/WR/TE/K, RB/WR/TE/K, RB/WR/TE/K y RB/WR/TE/K. 11 titulares y 11 suplentes.

Un superflex y 3 flex para animar la fiesta, en los que puedes incluir kickers. Me encantan los kickers. Ah, y olvidaba decir que los QBs restan puntos por pases incompletos y los kickers por patadas falladas. Odio a los kickers.

Acostumbrado a las ligas habituales de alineaciones y puntuaciones estándar he salido de mi zona de comfort para asumir un reto fantasy que me apetecía mucho y que me ilusiona. Tanto como me ilusiona también jugar la Estadio Fantasy Bowl del gran Mauricio Gutiérrez. Y casi tanto, como a Fernando Kallás le ilusiona que ganen sus 49ers.

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¿Han engañado los Chiefs a Mahomes?

Horas después de que las chiribitas por el anuncio del estratosférico contrato de Patrick Mahomes con los Chiefs hayan desaparecido de nuestros ojos, y con la vista (y la cordura) completamente recuperadas, hemos podido ir conociendo todos los detalles de un contrato que no ha dejado indiferente a nadie. Un contrato, que añade 10 años a los 2 que el quarterback de los Kansas City Chiefs aún tenía pendientes como rookie y que, aunque se ha anunciado a bombo y platillo como el contrato más grande de la historia del deporte, no es tan deslumbrante como parece. En la NFL, los contratos nunca son lo que aparentan.

Extensión de contrato

En líneas generales, los Chiefs le han hecho a Mahomes una extensión de 10 años a razón de $45M anuales ($450M en total claro), de los cuales sólo $63.1M están completamente garantizados a la firma, que cobrará pase lo que pase. Si has escuchado o leído que el acuerdo de Mahomes era de $503M ó de $477M es porque añaden esos 2 años por cumplir de su contrato rookie y que ya tenía asegurados, $27.6M ($2.8M por su 4º año de rookie y $24.8M por la opción de 5º año, que el equipo ya había ejercido sobre él y que está garantizada frente a lesión). Los casi $26M restantes hasta los $503M son incentivos que cobrará si gana la final de la AFC y el MVP todos los años desde 2022 a 2031. Complicado. Mahomes recibiría en caso de cumplir todo este acuerdo de 12 años esos $477M (casi $40M por año) más los posibles incentivos en caso de conseguir alguno de los trofeos mencionados en alguna/s temporada/s.

Además, este contrato incluye mecanismos de garantías por adelantado. Esto quiere decir que el jugador se irá asegurando a partir del segundo año de contrato también las cantidades correspondientes a 2 años después durante los primeros años del acuerdo. Es decir, como ya parte con 2020, 2021 y 2022 asegurados a la firma, en el 3er día de la temporada 2021 se asegurará también el dinero de 2023 y en el 3er día de la temporada 2022 también el dinero de 2024. A partir de ese año, las garantías se anticiparán sólo por el año siguiente. Pero con un matiz importante, sólo son garantizados frente a lesión los $141 primeros millones, los cuales habrá percibido íntegramente si juega hasta 2024. Esto es importante porque divide el acuerdo en dos partes claramente diferenciadas y abre una vía al equipo para cortar al jugador después de ese tercer año de la extensión. Las garantías con 2 años de antelación hasta 2024 hacen casi imposible para el equipo cortar antes a Mahomes, pero las de un año a partir de entonces, aunque a un alto coste, lo hacen factible ante una eventualidad importante. Eso da mucho poder y flexibilidad al equipo frente al jugador, que está atado al equipo durante 12 años y no tiene capacidad para salir voluntariamente ni renegociar cantidades a mitad del acuerdo. Traspasarlo será completamente imposible porque el contrato incluye una cláusula de ‘no traspaso’. El último dato importante de este contrato es que muy probablemente tendrá que ser reestructurado antes del quinto año de la extensión, ya que en 2027 Patrick Mahomes impactará $60M contra el cap, cifra complicada de asumir para los Chiefs. De ahí que no se entiende que Mahomes no haya firmado exclusivamente por esos 5 años en lugar de 10, o incluso sólo por 3, hasta 2024. Sobre todo si se compara con contratos que otros jugadores firmaron recientemente.

Dinero asegurado

Si decía que Mahomes sólo ha conseguido $63M asegurados a la firma, Russell Wilson firmó la pasada offseason una extensión por 4 años que le aseguró $70M al rubricar ese contrato, Ryan Tannehill se acaba de asegurar $62 también a la firma en su extensión de 4 años con los Titans, y Kirk Cousins, que firmó primero un contrato de 3 años y luego una extensión de 2, se aseguró $84M y $66M a la firma de cada uno. Ninguno de estos jugadores cedió el control de su destino y el derecho a una nueva negociación más de 4 años. Y se supone que Patrick Mahomes es mejor jugador que Tannehill y Cousins ¿no? Esto es importante porque en 2023 entrarán en vigor los nuevos contratos televisivos, que se prevén gigantescos y que aumentarán de forma importante en el cap a partir de 2024 (quizá hasta los $300M), por lo que haber firmado una extensión de contrato de 3 años completamente garantizada aunque fuera por un salario medio menor habría tenido mucho más sentido para Patrick Mahomes. Y comparándolo con los jugadores que he nombrado antes, bien podría haber rondado los $40M anuales. Sobre todo si pensamos que el jugador estaba en un inmejorable momento para negociar después de ganar la superbowl como MVP de la misma.

Si los Chiefs han sido capaces de firmar $60M para el cap de 2027  y cargar la parte más grande del contrato en la parte final del mismo es que están contando con los grandes beneficios de esos contratos televisivos a partir de 2024, no hay duda. Con el aumento de 2024 a 2026 compensarán la más que probable bajada de cap de 2021 que va a suponer el impacto del coronavirus en la liga, y casi seguro que en 2026, antes de que se haga efectiva la garantía para 2027, este contrato tendrá que ser reestructurado para aplazar los $60M de cap de ese año mediante un signing bonus, terminando con un impacto aproximado de unos $50M de Mahomes en el cap del equipo.

Eso da que pensar, por un lado que Mahomes está renunciando a mucho dinero ahora, ya que podría haber firmado una extensión más corta y reservarse la opción de firmar otra más adelante muy superior a esos $45M de media que acaba de negociar. Y hasta de cambiar de equipo si lo deseara. Y por otro lado que el equipo (a costa del jugador) intenta mantener su salud financiera durante los próximos años para intentar rodear a su jugador franquicia de la mejor manera posible. Por eso, aunque los Chiefs parecen los claros vencedores de la negociación de este contrato, que lo son, ambas partes se han puesto de acuerdo para favorecer la posibilidad de mantener una plantilla competitiva alrededor de Mahomes en el futuro.

Dinastía o reconstrucción

En un deporte con límite salarial estricto como es la NFL el debate de cómo construir una dinastía está siempre abierto, ¿es mejor construir en torno a un quarterback estrella o en torno a un modelo de gestión de roster sostenible? Los que me conocéis o habéis leído mi libro La Offseason ya sabéis cómo pienso, y hasta lo expliqué en uno de mis últimos artículos en referencia a este caso concreto en previsión de que este contrato se llevaría a cabo (puedes leerlo aquí), pero intentaré explicarlo de una forma más breve ya con el contrato de Mahomes mucho más claro.

La cuestión principal aquí es que los Chiefs han saltado la banca de los contratos de quarterback (supera en $10M anuales a la extensión de Russell Wilson del año pasado) y no han podido aligerar esa carga repercutiéndola también en el cap de los dos años de contrato rookie que el jugador aún tenía pendientes de cumplir. Esto se debe a que ya van sobre el límite debido a la gran plantilla que han construido y con la que ganaron la pasada superbowl. El problema es que, aunque mantienen intactas sus opciones para las dos próximas temporadas (algo que ya tenían asegurado gracias al contrato de rookie de Mahomes) el cap de éste a partir de 2022 irá complicando poco a poco la renovación de más jugadores importantes de la plantilla actual. Y aunque se han facilitado en parte la tarea de construir un equipo competitivo a partir de 2024, cuando el cap del equipo habrá aumentado gracias al dinero de las televisiones, entre 2022 y 2023 es más que probable que tengan que renunciar a varios de los jugadores que acaban contrato: Eric Fisher (LT), Mitchell Swartz (RT), Travis Kelce (TE), Tyran Mathieu (FS), Alex Okafor (DE) y Derrick Nnadi (DT) terminan contrato en 2022, y Tyreek Hill y Mecole Hardman (el llamado a ser el sucesor del anterior) en 2023, entre muchos otros. Para entonces ya habrán perdido muy probablemente a Chris Jones (DT) y a Sammy Watkins, que acaban contrato este año. Al primero porque difícilmente podrán dar los $20M anuales que pide y al segundo porque tendría que renunciar a gran parte de los $17M que cobra actualmente. Aunque ya ha dicho que lo hará. Quiero verlo.

Poner en riesgo la continuidad de la mayoría de la plantilla que te ha llevado a la superbowl, sobre todo cuando a mitad de camino es bastante probable que Andy Reid (62 años) se baje del barco, es un riesgo extremo por mucho que cuentes con el mejor quarterback de la liga. Seguramente también lo eran Aaron Rodgers y Russell Wilson en el momento de firmar sus contratos de veterano, pero la realidad es que no han vuelto a tener plantillas tan competitivas como las que le llevaron a la superbowl en su momento cuando ellos jugaban con contratos rookie o con la extensión de 5º año. Y la realidad es que ellos solos no bastan.

Aaron Rodgers. Foto: AP/EFE.

Modelo de construcción de plantilla

Soy plenamente consciente de qué jugador es Patrick Mahomes, de lo que supone para una franquicia como Kansas, que estuvo condenada al ostracismo durante tanto tiempo. Y soy consciente de en qué lugar mediático y comercial pone este contrato a jugador y franquicia, que serán principales candidatos al título durante estos dos próximos años, últimos del contrato rookie de Mahomes. Pero bajo mi punto de vista, ambas partes están arriesgando mucho. Como he dicho, el jugador está renunciando a mucho dinero, a corto y a largo plazo, y el equipo tenía otras vías para establecer su dinastía. Podría perfectamente haber replicado el modelo que le ha llevado al éxito, construir y mantener una plantilla competitiva y después buscar a su quarterback. Sí, otro quarterback. Lo sé, ahora parece que es imposible encontrar otro Mahomes. Es un unicornio, un mirlo blanco, el profeta, pero también parecía imposible encontrar otro Favre, y apareció Rodgers, después de Brady, y después Russell Wilson, y ahora Mahomes. Todos ellos triunfadores secundados con plantillas estelares. Y el año que viene llegará Trevor Lawrence. Otro talento único según muchos.

Estamos hartos de escuchar aquello de que los ataques ganan partidos y las defensas los campeonatos, y de ver que las estadísticas refrendan ese patrón, que no creo que hayan cambiado este año los Chiefs teniendo en cuenta el último cuarto de su defensa en la pasada superbowl. Estamos hartos de escuchar que Belichick es el mejor general manager de la liga, que teniendo en cuenta su gestión de plantillas y del cap, nunca habría firmado este contrato. Nunca. Belichick habría agotado el contrato rookie de Mahomes para explotarlo al máximo y habría negociado un contrato a la baja para alargar su ventana de oportunidad en el futuro. Nunca puso en peligro su modelo sobre pagando a Tom Brady, y cuando éste quiso más, al igual que hace con todos, le abrió la puerta. Si Mahomes se hubiera negado a jugar este año o el siguiente sin un nuevo contrato, no habría sido una locura ponerlo en el mercado y sacar 3 ó incluso 4 primeras rondas para luego ir con ellas a por Trevor Lawrence. Para cubrirse este año, QUE NO PARA SUSTITUIRLE, los Chiefs podrían haber fichado a Cam Newton, o Jameis Winston, que a mí tampoco me ha gustado en exceso hasta ahora, pero que seguramente nos hará cambiar de opinión cuando juegue detrás de una OL como la de los Saints. La de los Chiefs no es peor.

En definitiva, tan sólo hablo de replicar el modelo ganador. Equipo y después quarterback en contrato rookie, porque suele ser el camino hacia el éxito en la superbowl. Lo ha sido en 9 de las últimas 20 temporadas en el equipo que la ganó. Incluidos los Chiefs que en la pasada offseason vendieron a Justin Houston y a Dee Ford, sus dos grandes estrellas defensivas, para equilibrar su defensa en talento. Lo cierto es que el equipo ya lo tienen, y podrían mantenerlo durante más de 2 años si el contrato de Mahomes no empezara a ahogarles a la finalización de esos dos años de dinero rookie. Por eso no logro entender cómo para mucha gente que he leído estos días este contrato era necesario e inevitable. Y sobre todo que lo fuera ahora.  

Mahomes, ¿podrá seguir siendo dios?

Bueno, en el fondo sí lo entiendo, un quarterback élite, generacional, es muy difícil de encontrar, dejarlo marchar es una locura porque puede que no vuelvas a encontrar uno. Pero no puedo evitar pensar en que fue Andy Reid el que encontró a Mahomes, el cual cayó hasta el pick #10 del draft, cuando muchos no lo contemplaban ni en primera ronda. Y no puedo evitar pensar que gran parte de lo que es Mahomes hoy es gracias a Andy Reid y al bloque del que está rodeado. ¿Sería Mahomes el mismo jugador en los Bills que elegían en aquel pick #10? ¿O en los Bears? que eligieron a Trubisky en el #2 de aquel draft. Andy Reid fue capaz de formarlo en un año y de rodearle de jugadores que hoy son también considerados estrellas de la liga. La sinergia es recíproca, está claro. ¿Pero por qué no podría replicar el modelo con una nueva y joven superestrella?

Trevor Lawrence (QB, Clemson Tigers). Foto: AP/Rick Scuteri

Hablaba de la opción a una posible salida de Mahomes dentro de 5 años, para cuando no tengo claro que aún esté el actual head coach. Quizá, en lugar de arriesgar con un contrato tan alto para un solo jugador durante tanto tiempo, ahora sea el momento para arriesgar manteniendo el modelo y formar al sustituto de Mahomes para esos primeros 5 años de la extensión, cuando aún está Andy Reid en el equipo. ¿Qué no podría hacer el que consideran uno de los mejores entrenadores de la liga con Trevor Lawrence, o con otro quarterback adecuado a la forma de jugar de los Chiefs, y rodeado del equipazo que tienen los actuales campeones? Sí, es cierto, nada de este cambio que planteo garantiza ganar, pero se le acerca más que darle a uno sólo de tus jugadores, por muy quarterback estrella que sea, un porcentaje tan alto del cap. No lo digo yo, lo dicen los datos y la historia.

Nunca en la NFL moderna ha ganado la superbowl un equipo cuyo quarterback impactara por encima del 12.2% que impactó el contrato de Payton Manning en 2015 con los Broncos. Y desde 2007, el promedio del QB ganador de la superbowl es del 7.8%. Mahomes superará esos porcentajes tan pronto juegue con la etiqueta de 5º año en 2021, cuando cobrará $24.8M (12.5% del actual cap), y se irá a un porcentaje mucho mayor si hay una reducción de este por el coronavirus.

Patrick Mahomes en el Madden 20, año en que ganó la superbowl. Foto: NFL

No pretendo convencerte de nada, Mahomes ha superado la maldición de la portada del Madden, que no es poca cosa, así que puede ganar con los Chiefs varias superbowls durante los 10 años de la extensión que acaba de firmar. Pero ello requerirá de una habilidad extrema por su parte, y de la gerencia, para construir una plantilla a bajo coste cuando se vayan varios de los jugadores que ayudaron a ganar la pasada superbowl. Mucha más pericia de la que han demostrado con la firma de este contrato. Porque a partir de ahora, el contrato de Mahomes le pondrá a él y a sus Chiefs en el foco y en la diana de todos sus rivales. Y las expectativas ya no serán la de ganar uno o dos partidos en playoff, o la de llegar al gran partido, sino las de ganarlo y hacerlo varias veces para que esta decisión sea un éxito. Hasta 7 títulos le exigen ya desde algunos frentes a causa de este contrato.

Pero ha quedado demostrado muchas veces que el éxito en la NFL es una cuestión de gestión del equipo al completo, y de igual manera que es merecido el contrato de Mahomes, también lo es la petición de Chris Jones y muchas de las que llegarán en el futuro, y que los Chiefs no podrán pagar. Otros jugadores se quedarán y vendrán siendo más comprensivos en la parte económica en busca de la consecución del anillo, pero los Chiefs deben prepararse para altas pretensiones y holdouts que les pondrán entre la espada y la pared, y que debilitarán mucho la plantilla en un futuro cercano. Si esa plantilla alrededor de Mahomes no es suficiente, éste se sentirá engañado y deseará haber cogido el dinero, y los Chiefs desearán haber optado por otro camino mientras Andy Reid buscaba y formaba a otro mirlo blanco, a otro unicorno, otro profeta, de esos que salen cada muy poco pero que no quieres ver frustrados como a Aaron Rodgers o Russell Wilson. Porque en la NFL, el único unicornio, el único mirlo blanco, es el trofeo Lombardi, y para conseguirlo, el camino más evidente quizá no sea el adecuado. ¿O sí?

*Mi agradecimiento a @catanovski y a @CapIssue por su ayuda. -)

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El sofá de Dalvin Cook

Tengo que confesar algo que la gente no sabe, y es que llevo muchos años ganando campeonatos de todo tipo y deporte, como jugador y como entrenador. Bueno, y como presidente y propietario de varias franquicias, ya que he fichado a jugadores legendarios increíbles antes de que el resto del mundo supiera si quiera que exisitían. Incluso he cambiado tendencias políticas y derrocado gobiernos, todo en pos de un mundo mejor que nadie había sabido vislumbrar. Y todo lo he hecho desde mi sofá. Delante de mi televisión o de mi periódico, y sin más compromiso que el de mi propia memoria, que de tan disfuncional nunca me reprocha nada porque difumina todos mis errores en el olvido. De hecho dudo que quizá jamás los haya cometido. Y a ver quién me dice lo contrario.

No importa si no has oído hablar de mi sofá, porque quizá tú tengas uno propio, que te sirve de púlpito para desarrollar tu ejercicio saludable de cuñadismo y opinar de cuanto se te antoje sin más argumentos que los que crees irrefutables para enjuiciar y decidir sobre cualquier situación. Desde ese tipo de sofás he escuchado opiniones varias sobre si renovar o no a running backs varios de la NFL, la última de ellas, en referencia a Dalvin Cook, que ha puesto a los Minnesota Vikings contra las cuerdas al comunicarles que no acudirá al training camp de julio si antes no firma un nuevo contrato multianual con el equipo. Con la pertinente cantidad garantizada, por supuesto.

Cook fue elegido por los Vikings en el pick #41 del draft de 2017 (el pick #9 de la 2ª ronda), esto es importante por cuanto que su contrato rookie no dispone de opción de quinto año, por lo que en condiciones normales, 2020 sería su último año antes de convertirse en agente libre. Y digo en condiciones normales porque el equipo podría ponerle el franchise tag y bloquearle durante un año más de forma unilateral. Por eso, adelantándose a esa situación, y a la de un mercado lleno de running backs de talento (luego explico esto en detalle), Dalvin Cook se ha negado a arriesgarse un solo snap más sin tener el gran dinero garantizado que le reportaría una extensión multianual de su contrato.

Ante esa comunicación de holdout o huelga del jugador, muchos son los que se han aventurado a opinar si Dalvin Cook es el tipo de jugador que merece o no ser renovado, y si los Minnesota Vikings deberían o no extender su contrato. Opiniones que llegan desde sofás de todo tipo y desde remotos lugares, pero siempre desde el punto de vista de aficionado y no desde el del jugador. Así que te voy a pedir que te levantes un rato del sofá y te pongas el traje y la corbata primero y la coraza después, sólo así es posible valorar en su justa medida una situación tan recurrente cada año como es la de renovar o no a un RB élite. Únicamente pensando y sintiendo como jugador y como general manager se puede tener una perspectiva adecuada para concluir cual es la mejor decisión, porque de eso va todo, de tomar decisiones acertadas. Y sobre todo, de tomarlas cuando el resultado de ésta tiene consecuencias, algo que no sucede cuando se opina desde el sofá.     

Como te decía, Dalvin Cook fue elegido en la segunda ronda del draft de 2017, el mismo que Christian McCaffrey, el cual ya ha conseguido su renovación por cuatro años a razón de $16M de media anual y $38.2M garantizados, el equivalente a casi dos años y medio del contrato. Si tenemos en cuenta que, al igual que Cook, McCaffrey está en el cuarto año de contrato rookie y que además tiene la opción de 5º año, ese contrato le da a los Panthers hasta 6 años de control sobre su running back. La razón de que tanto MacCaffrey como Dalvin Cook estén pidiendo esta offseason esa extensión de contrato es que hasta cumplidos tres años del contrato rookie éste no se puede ampliar. Así que Dalvin Cook ha ido a la yugular de la gerencia de los Vikings al esperar a después del draft para pedir su aumento. Eso deja al equipo de Minneápolis con poco más margen de maniobra en la negociación que decidir jugar con Alexander Mattison, un 3ª ronda de 2019 que hasta ahora hace las veces de backup de Cook.

La primera gran pregunta. Los Vikings

Entonces, ¿deberían los Vikings renovar a Dalvin Cook o podrían jugársela con Mattison para no complicar aún más su situación salarial? Esa es la primera pregunta, la del traje y la corbata. Para entender la situación habría que enfocar el asunto desde tres ángulos: qué supone Cook en el juego del equipo, cuál es el estado de salud del jugador, y si el nuevo salario que pretende el running back, que no es otro que el de Christian McCaffrey ($16M anuales con 2 y medio garantizados), puede encajar en el cap de los Vikings.

Cristian McCaffrey saltando sobre la defensa rival. Fuente: Charlotte Observer.

El enfoque deportivo no debe de perder de vista los números y cuánto necesita Minnesota a Cook. Si bien durante la primera temporada no se pudo ver al mejor Dalvin Cook, la segunda fue una gran mejora y esta tercera, la del pasado año, ha demostrado ser un jugador diferencial, tanto, que el equipo se vuelve mucho más previsible cuando él no está. Sus números de 2019 no son los de Christian McCaffrey (1654 yardas combinadas y 13 TD en 2019; 112 yardas y 2 TD en los dos partidos de playoff), pero su impacto en el juego del equipo ha sido indiscutible.

Con una línea ofensiva más que sospechosa en algunos partidos, Cook ejerce una influencia casi hipnótica en la defensa rival por su poder de atracción de jugadores rivales hacia la caja. De ello se benefician sus compañeros, empezando por su QB Kirk Cousins, y siguiendo por la línea ofensiva, que sufre mucho menos gracias a la habilidad del running back.

Pero, ¿podría hacer Alexander Mattison ese trabajo? Probablemente no. O sí. Ni idea. Pero bajo mi punto de vista la pregunta no es tanto si tienen al sustituto, sino cuánto quieren arriesgar del actual proyecto prescindiendo de su mejor jugador. Si ya no fueron capaces de pasar de ronda de divisionales el pasado año con él a pleno rendimiento, sin él la cosa no parece que pueda ir mucho mejor.

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Respecto a qué puede estar pensando Rick Spielman, General Manager de los Vikings, con los números en la mano, Minnesota amplió el contrato de Kirk Cousins durante la pasada offseason, y Cousins no tiene fama de ser un tipo barato, cobrará $32M de media durante los 3 próximos años. Ese dispendio da que pensar que no quieren perder de vista su ventana de oportunidad, pero ha derivado seguramente junto con el bajo rendimiento y la edad en alguno de los casos, en la obligación a dejar marchar a algunos de los jugadores que formaron parte de aquella temida defensa de años recientes. Linval Joseph (DT), Everson Griffen (DE), Trae Waynes (CB), Xavier Rhodes (CB), Mackenzie Alexander (CB) y Andrew Sendejo (S) han desfilado por la puerta, y junto con el traspaso de Steffon Diggs por un pick de 1ª ronda para traer a su posible sustituto, da que pensar que el draft de 15 picks de este año buscaba claramente rejuvenecer la plantilla y aligerar la insoportable presión del cap que los Vikings llevan padeciendo durante los últimos años. Pero todo ello sin perder su ventana de oportunidad y con casi $12M de dinero en el salary cap.

Y finalmente llegamos al capítulo de la salud del jugador. Se ha hablado mucho de la conveniencia o no de pagar a un jugador que ha sufrido lesiones importantes en el pasado (rodilla y hombro), y que le han hecho perderse hasta 17 partidos en los 3 primeros años como profesional, el equivalente a más de una temporada. Y aunque sólo fueron 2 los partidos que no disputó por cuestiones médicas el pasado año, el miedo a una recaída planea en el horizonte para evitar la situación que sufrieron Los Ángeles Rams con Todd Gurley, y que ahora les bloquea $9M en el cap en forma de dinero muerto después de traspasarle.

Así que para responder la pregunta que planteaba, si los Vikings creen que pueden ser contendientes estos próximos años, la respuesta es que deben renovar a quien lleva el peso del equipo en ataque. Pero si tienen la más mínima duda, y he de reconocer que yo tengo unas cuantas, porque normalmente los contratos de veterano de un running back no suelen salir bien, la mejor decisión es apostar por el siguiente hombre disponible. Mattison tiene aún 3 años de contrato rookie, y esos suelen ser los mejores a la hora de producir en el caso de los running backs. Y por los que suele merecer más la pena pagar.

Foto: John Autey / Pioneer Press

En caso de seguir adelante con la renovación, la cuestión sería ya definir a qué precio, ya que los $16M y el garantizado de McCaffrey que pide Cook parecen exagerados, puesto que ni tiene sus números ni tiene su solidez física. McCaffrey aún no se ha perdido un solo partido desde que está en la liga. Para este tipo de negociaciones suelen tomarse como referencia otros contratos recientes, y seguramente el del año pasado de Leveon Bell, de unos $13M anuales tirando por lo alto, y el de Melvin Gordon firmado esta misma offseason con los Broncos, de $8M por debajo, sería el rango de cifras a barajar. Y por lo que se sabe, la primera oferta de los Vikings parece similar a la de Gordon ($16M por 2 años con $13.5M garantizados). Una duración mayor en el caso de un historial de lesiones no tendría mucho sentido. Pero al estar tan alejada de sus pretensiones, muy probablemente Dalvin Cook la rechazará.

La segunda pregunta. Dalvin Cook

Pero entonces, si el equipo no le paga lo que pide ¿debe Dalvin Cook negarse a entrenar y  jugar? Rotundamente sí. Es su única arma de negociación. Y no debe bajo ningún concepto esperar a terminar su cuarto año de contrato con los Vikings para negociar su extensión o para salir a la agencia libre.  ¿Por qué? Ponte la coraza y el casco, ahora eres un jugador. Por lo que te comentaba antes, porque los años más productivos y útiles de la vida deportiva de un running back en la NFL son los primeros, y además, el uso excesivo que hacen concretamente los Vikings de Cook, en tantísimos acarreos y snaps, le expone a una lesión que es relativamente frecuente en la posición en que juega Cook. Así que regalar uno de esos años por $2M cuando tu valor de mercado muy probablemente supere con creces los $10M e incluso los $12M es una frivolidad que ningún deportista se debe poder permitir.

Además se unen otros dos factores por los que Dalvin Cook no debería esperar a la próxima agencia libre para negociar, que son la excelente clase de RB que se avecina en el próximo draft y la finalización de los contratos rookie de otros RB de su camada. Y ya se sabe, a mayor oferta en el mercado, baja el precio. Derrick Henry, Kenyan Drake, Alvin Kamara, Leonard Fournette, Matt Breida, Kareem Hunt y Joe Mixon, son algunos de los nombres que podrían llegar a la agencia libre del año que viene si no renuevan, y rivalizar con Dalvin Cook el año que viene por un gran contrato con alguno de los equipos en busca de RB, que no suelen ser muchos, ya que muchos prefieren las prestaciones y el precio de un runnig back del draft.

Dalvin Cook. Foto: Josh Froschauer / AP

Pero, ¿y si ninguna de las partes cede? Dalvin Cook no aparecería por el training camp y podría mantener su holdout incluso durante toda la temporada. Eso haría por un lado, que el jugador no sólo no cobrara ni un dólar de su último año de contrato, y que se enfrentara además a importantes multas por no presentarse a actividades del equipo que son obligatorias. Y por otro lado, le impediría acumular un año de antigüedad en la liga (lo que se conoce como accrued season), necesario para poder convertirse en agente libre sin restricciones en la próxima offseason. Es decir, después de un año sin sueldo y con multas, estaría en la misma situación que la de ese año y sin poder elegir libremente su destino.

Es una situación similar se vió el running back de los Jets, Le’veon Bell, por aquel entonces en los Pittsburgh Steelers. Después de cumplir los 4 años de su contrato rookie e incluso habiendo jugado un 5º bajo el franchise tag, los Steelers volvieron a taggearle porque Bell no aceptaba una oferta envenenada del equipo de Pittsburgh, que en la prensa sonaba mejor de lo que realmente era, aunque fuera justa todo sea dicho. En tiempos en los que los RB no pasaban de cobrar los $9M, Le’veon, debido a la gran carga de snaps que le daban como corredor y como receptor solicitó un aumento de sueldo acorde a sus dos facetas, como running back y como receptor, pero debido al riesgo que siempre entraña para un corredor su exposición tan grande ante lesiones, la cantidad garantizada de aquel contrato era apenas de poco más de un año. Y Bell se sintió insultado, hasta el punto de que asumió un año entero sin jugar a fin de forzar al equipo a liberarle y poder firmar con cualquier otro equipo un contrato más justo. Y lo consiguió.

Se escuchó por aquel entonces, igual que escucho ahora desde algún sofá cercano, que Le’veon (y ahora Dalvin) deberán recuperar ese año sin jugar de salario en su próximo contrato para que les compense el holdout, pero lo que se pierde siempre de vista cuando no se valora esta situación sin ponerse la coraza y el casco del jugador, es el tremendo riesgo de salir a jugar aunque sea un solo snap sin la mayor cantidad de dinero garantizado posible, porque esa es la cifra que realmente le importa a un running back, y con la que le dices cuánto te importa. Los Steelers le ofrecieron $14M garantizados en un tag que Le’veon se negó a firmar, y posteriormente consiguió de los Jets un contrato de $50M con $35M garantizados (el equivalente a casi 3 años de contrato). Lo que Bell siempre procuró fue tener el mayor dinero posible asegurado cuando volviera a ponerse las protecciones y el casco para jugarse su físico y su salud en la que es la posición más expuesta y arriesgada de este deporte.

Foto: Jake Roth-USA TODAY Sports

Las respuestas

Dalvin Cook está jugando una partida legítima, porque es un dinero que le niega el sistema, un sistema injusto con los rookies, que tienen en sus primeros años de carrera los más valiosos y los peor pagados. Y es lo que pretende cambiar Cook, porque puede permitírselo por ser un RB élite en la liga y vital para su equipo. La primera oferta ya ha llegado, y dista mucho de lo que necesita Dalvin Cook para jugar. Éste no tendrá reparo alguno en pasarse incluso un año parado, algo que está demostrado que le sienta de maravilla a los jugadores de su posición. Así como no temerá dejar marchar estas ofertas que no cumplen sus expectativas, que no tendrá que recuperar en su nuevo contrato, ya que este descanso de un año sin desgaste ni golpes a buen seguro prolongará su carrera deportiva un año más en el futuro. Porque la cuestión para un running back que busca su gran contrato no es si deja de ganar dinero mientras dure su holdout. La cuestión, lo único que importa, es cuánto dinero se ha asegurado antes del día que vuelva a jugar el próximo snap con su casco y su coraza en un terreno de juego. No el dinero que creemos que está perdiendo con su huelga los que sin coraza ni casco vemos toda esta situación desde nuestro cómodo y seguro sofá.    

Ahora la pelota está en el tejado de los Minnesota Vikings, que deben decidir si Dalvin Cook les hace todo lo contendientes que necesitan ser para este año, si quieren asumir el riesgo de lesión de un jugador que ya estuvo roto no hace mucho, y si quieren asumirlo con al menos dos años y medio de contrato garantizado para el jugador, como los Panthers lo han hecho con McCaffrey. O si por el contrario prefieren asumir otro riesgo quizá aún mayor, el de jugar con su segunda opción, mandando un mensaje peligroso al resto de la plantilla y a su afición de estar en un año de transición, renunciando a la lucha por el anillo. Porque eso no hay cuerpo que lo aguante cuando puedes perfectamente pagarlo con el dinero de otro desde el sofá.

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Brees puede hacer mucho más que Kaepernick

Siempre he pensado que los deportistas de élite tenían una responsabilidad para con quienes les habían elevado a los altares y les habían puesto bajo el foco, sobre una tribuna inmejorable para cambiar las cosas. Más allá del fair play sobre la cancha, los deportistas tienen para mí esa obligación moral y social de posicionarse y amplificar la voz de los anónimos, para que sea escuchada y hacer posible el cambio.

Una de las plataformas más grandes que se me ocurren son las grandes ligas deportivas norteamericanas, por su capacidad para influir en la conciencia social del país más trascendente del mundo debido a su onda expansiva hasta casi el último rincón del planeta. Más aún en la era digital y de las redes sociales en que vivimos.

Ese ejercicio de responsabilidad al que me refiero fue driblado hace unos cuantos años por algunos deportistas que hoy seguimos considerando entre los más grandes de la historia. Nombres como Magic Johnson o Michael Jordan, desconozco si en un contexto muy diferente al actual, eludieron ese compromiso cuando dominaban su competición y los mercados: “los republicanos también compran zapatillas”, afirmó el 23 eterno de los Bulls. Referentes sociales como aquellos quizá habrían podido cambiar las cosas, o quizá no. Sea como fuere, el baloncesto en Estados Unidos ha ido convirtiéndose poco a poco en un deporte más democrático, y más demócrata. No sólo porque David Stern y Adam Silver, los dos últimos comisionados de la NBA, son dos demócratas reconocidos, sino porque el poder de las franquicias pertenece de forma equilibrada a propietarios de una y otra tendencia política.

La NBA es una competición que ha evolucionado paulatinamente a un deporte más físico, y ha visto como el jugador de color se ha ido imponiendo al de raza blanca. Incluso ha hecho guiños a otras razas (y mercados, tampoco nos engañemos) con fichajes como el del chino Yao Ming a principios de los 2000. A nivel de competición, ha sabido reinventarse socialmente  a medida que evolucionaba de forma inexorable a lo que es hoy. Lejos queda aquel menosprecio al que algunas aficiones de raza blanca sometían desde la grada (llena o vacía) a los jugadores de color, incluso de su propio equipo. El legendario Bill Russell, artífice principal de aquellos Celtics multicampeones de los años 50 y 60 (hasta 11 títulos en 13 años) nunca fue amado ni respetado por sus propios aficionados, a los que bautizó como “la afición más prejuiciosa del planeta”. Y ninguno de sus compañeros de raza blanca por aquel entonces salió nunca en su defensa. Ni siquiera Bob Cousy, la estrella blanca del equipo, cuya complicidad con sus compañeros de color sirvió para relativizar la desigualdad racial y cuyo silencio al no condenar el racismo ralentizó el proceso del movimiento por los derechos civiles en Boston. Algo que terminaría haciendo muchos años después en un claro síntoma de arrepentimiento y redención.

Quien sí lideró una lucha activa, también por aquella época de los años 60, fue Muhammad Alí. Éste inició su actividad social después de ganar la medalla de oro en los JJOO de Roma en 1960, cuando en una cafetería de su Louisville natal el camarero se negó a servirle en su mesa. Años más tarde, su postura se acentuaría hasta el extremo al desafiar al gobierno de los EEUU por negarse a ir a la guerra de Vietnam con su legendaria frase: “no tengo problemas con los Viet Cong… porque ningún Viet Cong me ha llamado nigger”. Aquello le enemistó completamente con el gobierno norteamericano por ser la primera personalidad en pronunciarse públicamente contra la guerra. Apoyado por otros deportistas estrella de la época, consiguió el permiso para no ir, y su voz comenzó a escucharse con fuerza y tormento en la comunidad blanca y a gritos en la comunidad negra, que le abrazó como uno de sus líderes por hacer llegar su mensaje de un modo desafiante.

Bill Russell, Muhammad Alí, Jim Brown y Lew Alcindor (Kareem Abdul-Jabbar). Foto: Tony Tomsic / Getty Images.

Aquel mensaje, el cual pareció diluirse durante décadas ante la comunidad blanca, estalló a gritos en las calles en forma de revueltas de la población negra. En varias ocasiones, policías blancos fueron absueltos después de asesinar a ciudadanos de color. La presión y la opresión se acentuaron en las calles, con revueltas como la del barrio de Liberty City en Miami en 1980 y la de Los Ángeles en 1992, a las sucedieron varias más en años posteriores.

Y en ese letargo de liderazgo deportivo, mudo por la falta de una voz que gritara la injusticia racial que seguía sufriendo el país, emergió en 2016 la figura inesperada de Colin Kaepernick, quarterback de los San Francisco 49ers. Tres años después de surgir de la nada para liderar a su equipo hasta la Superbowl de 2013, decidió traicionar la tradición de ponerse en pie al son del himno nacional durante el preludio de un partido de pretemporada frente a los Green Bay Packers. «No voy a ponerme de pie para mostrar orgullo por la bandera de un país que oprime a los negros y a las personas de color. Para mí, esto es más grande que el football y sería egoísta por mi parte mirar para otro lado. Hay cuerpos en la calle y personas a las que se les paga su licencia y escapan del asesinato».  El país entero se estremeció. Los viejos fantasmas de una lucha anestesiada por los poderosos volvió a caer a plomo, y esta vez lo hizo sobre el football, que no es el baloncesto. La NFL no ha experimentado esa democratización como la de su homóloga de las canastas. Es una institución liderada por propietarios muy chapados a la antigua, en su mayoría muy afines y hasta donantes de la campaña del presidente Donald Trump, con quien Kaepernick se enemistó muy pronto en una lucha de declaraciones.

Pero bajo mi punto de vista, aquel movimiento de protesta de Kaepernick encerraba muchas incógnitas, ya que acababa de perder la titularidad frente a un discutible Blaine Gabbert y cada declaración que salía de su boca parecía estar profundamente meditada y preparada. Como si hubiera estado esperando el momento. Así que una vez supo que el nuevo staff no contaba con él, reestructuró su contrato para facilitar su salida del equipo a final de aquella temporada. Después, el flirteo de varios equipos con la idea de ficharle aquella offseason terminó con la contratación de varios jugadores peores que él y con una demanda por confabulación a la NFL para no ficharle, de la cual llegó a decir que tenía pruebas. Joe Lockhart, alto cargo de la liga durante aquellos años, afirmó que “un ejecutivo de un equipo que consideró ficharlo, me dijo que si lo hacían proyectaban perder el 20% de los abonados de temporada». Kaepernick pasó a ser un problema incómodo para la liga y se convirtió en tabú. Así que fue Nike quien lo mantuvo a flote como su imagen de campaña y de compromiso con la causa. A razón de 10 millones de dólares anuales para el mártir de Kap. Nike lo hizo bien.

Kaepernick… quien se supone que afirmó tener las pruebas de aquella confabulación para no ficharle, cedió a un acuerdo por 10 millones de dólares para pasar página. Quién sabe si porque en el fondo creía aquella batalla imposible pese a saberse con la razón. Pero le puso precio a su reivindicación y renunció a seguir luchando aquella ruidosa batalla. Ese es para mí el mayor debe de Colin Kaepernick, abandonar la lucha cuerpo a cuerpo y seguir avergonzando a quienes avergüenzan a sus hermanos, como habría hecho Muhammad Alí. Pero no lo hizo. Y al zanjar ese tema con un acuerdo, la NFL se fue de rositas y la lucha se quedó en el gesto pacífico bien intencionado (pero efímero) de gran parte de los jugadores de la liga con la rodilla en tierra antes de los partidos. Lo pienso hoy y aquella estampa de los propietarios acompañando a sus jugadores me ha terminado pareciendo otro incendio sofocado, más que un propósito de enmienda, ya que incluso acabaron prohibiendo el gesto de protesta con la rodilla en tierra.

Eric Reid y Colin Kaepernick durante una de sus protestas. Foto Mike McCann / AP

Y digo efímero porque desde entonces poco o nada ha cambiado en la liga, la cual ha intentado recientemente implantar una estúpida medida para fomentar la contratación de entrenadores de color. Y poco ha cambiado en las calles, donde se han seguido sucediendo esperpénticos sucesos en los que la policía sigue abusando de su poder, costándole la vida a más ciudadanos de raza negra. La última, la de George Floyd la pasada semana, cuya escena aún me retuerce todo el cuerpo, porque no me la puedo quitar de la cabeza. Aunque sólo la haya visto una vez. Y ahora Kaepernick llama a la lucha, aquella que él rehuyó hace cuatro años. Lo siento Colin, ya no está en tus manos. Está en manos de tus colegas deportistas profesionales que incendiaron las redes sociales con más condena pacífica, y en manos de tus compatriotas de color, con protestas violentas en las calles. Pero nada parecía estar cambiando. Hasta que llegó Drew Brees. Joder, Drew Brees.

El quarterback legendario de los New Orleans Saints acudió al fuego con gasolina cuando en un contexto que ya costaba digerir hace cuatro años, recuperó el rancio discurso de Donald Trump y del espíritu republicano de respetar la bandera en alusión a sus derechos (los de Brees y los republicanos digo). Otra vez la bandera, que parecía que ya estaba claro qué significaba y qué no. Pero no, no lo estaba, y ese fue el problema. «Nunca estaré de acuerdo con alguien que no respete la bandera de los Estados Unidos de América» dijo. Y le saltó a la yugular casi todo el país. Entre ellos muchos de los jugadores de color de su propio equipo. Y con razón. Le dejaron botando la pregunta de “¿qué vas a hacer como líder de tu comunidad?” en un contexto ya agitado de por sí, y se metió en el jardín del bien y del mal con el pie izquierdo. Nunca es un buen momento para remover fantasmas, pero menos aún con la que estaba cayendo en Estados Unidos.

Aunque peor fue su disculpa prefabricada ante la tormenta, que no es la de una persona que ve en la bandera de los Estados Unidos un símbolo de libertad. Con un sentimiento aparente de arrepentimiento y dolor, pareció haber entendido de repente que, a diferencia de sus hermanos negros, si comete una infracción al volante, a él no le sacarán del coche y su vida no correrá peligro. Que las oportunidades que él ha tenido en su vida, muchos de sus compañeros sin ir más lejos, no las tuvieron. Y que el respeto que él pedía para su bandera es el mismo respeto que sus compatriotas de color piden con su gesto pacífico al arrodillarse. Tal y como le dijo Malcom Jenkins, uno de los compañeros de equipo que más le criticó, esa protesta pacífica que tanto molesta a los blancos no es más que una llamada a la acción para éstos. Para que condenen también la represión y la injusticia que sufren las minorías del país. Y eso es lo que entendieron líderes de raza blanca del deporte como Gregg Popovich o Kyle Shanahan, que reconocieron haber evitado el problema desde su privilegio de influir sobre el resto de ciudadanos de su misma raza.

Quiero pensar que las declaraciones de Brees han servido cuando menos de detonante para cambiar el chip en la cabeza de muchos de sus compatriotas. Tanto, que incluso la NFL se ha visto obligada a salir a dar un comunicado en la figura de su comisionado. El problema llega cuando el mensaje que escuchas de Roger Godell es extrañamente complaciente con su 74% de jugadores de color, condenando el racismo, reconociendo que se equivocaron y que debieron escuchar antes la protesta de sus jugadores. Todo ello bien condimentado entre muchos slogans muy de moda estos días. Y además no escuchas ni nombrar a Kaepernick, cuya carrera deportiva destruyeron, ni comprometerse a dejar de inyectar dinero en la campaña de Trump. Suena a otro discurso bien empaquetado, como el de Kaepernick en las campañas de Nike, el de arrepentimiento de Brees por el miedo a dinamitar su equipo en su última temporada, y el de todo aquel que tiene voz, pero también intereses económicos de por medio en todo este asunto. No suena como el mensaje de la calle, ¿verdad?

Echo de menos líderes. Líderes de verdad. Líderes como los de la comunidad negra, pero de la comunidad blanca republicana, de esos que hacen temblar los cimientos del sistema cuando hablan. Echo de menos a Bill Belichick y Tom Brady, que siguen rehuyendo hablar del tema por no traicionar su amistad con Trump o la fidelidad de sus patrocinadores y fans, que como dijo Jordan, también compran zapatillas. Con su silencio se convierten en una versión actualizada de aquel Bob Cousy de los Celtics. Quizá se arrepientan como él algún día de no haber tomado parte de forma más activa.

Y llego al final a la conclusión de que la salida de tono de Brees quizá sea ese detonante  que el conflicto necesita en el punto en el que está. Un millón de conversos de color tiene en este momento de la historia menos peso que la conciencia y la voz de un converso de raza blanca con su historial impoluto. Drew Brees, por lo civil y por lo criminal, se está estrellando contra la aplastante realidad, y en alguien como él, tan comprometido de forma sincera con su comunidad (la de la Louisiana confederada, no una cualquiera), que ha hecho mucho más que donar millones de dólares (que también), puede ser ese líder inesperado que necesite este movimiento que ahora ya está en el otro lado de la barricada.

Drew Brees y el resto de sus compañeros arrodillados durante el himno. Foto: AP

En septiembre llegará el momento de renegociar las condiciones de la reanudación de la competición y el salary cap para los próximos años para reajustarlo a las pérdidas por el COVID. Propietarios blancos y jugadores negros tienen ante sí la oportunidad de hablar de algo más que números y virus. Ha llegado la hora de escuchar, como decía Godell, y de impulsar el cambio. Y para ello serán necesarios líderes que den un paso adelante sin preocuparse de su reputación o sus ingresos. Drew Brees, quizás en su última temporada como jugador, y con toda la que ha liado, me parece el mejor candidato para hacerlo. Ha llegado el momento de que las acciones no nos dejen escuchar los discursos políticamente correctos. Porque si el deporte no aprovecha este nuevo momento caliente en pos de la lucha por los derechos civiles y la igualdad racial, ya nadie podrá convencerme de que el racismo se terminará en Estados Unidos cuando deje de ser rentable para los que mandan desde la sombra.

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Mahomes está en venta

Suena tan sugerente como sacrílego, pero me gustaría explicarte por qué no sería raro que pudiera convertirse en realidad en un futuro no muy lejano un titular así o similar. Tranquilo, por ahora no quiero que te deshagas de tus prejuicios. Mahomes es el nuevo dios de la NFL, este es el punto de partida de todo lo que te quiero explicar. Pero quiero llegar al fondo de la cuestión de si este dios vale los más de $40M anuales que se prevé que va a conseguir en el nuevo contrato, y sobre todo, si los Kansas City Chiefs deberían dárselos en unas negociaciones que no han hecho más que comenzar. Vamos allá.

Como bien sabrás, Patrick Mahomes fue elegido en el pick #10 de 2017 por Kansas ya que Andy Reid se enamoró de él en el proceso predraft de aquel año. Y también imaginarás que no fue cosa de última hora, a pesar de que muchos nos enteramos en el momento de escuchar su nombre de la boca de Roger Godell. Los Chiefs pensaron que podría no llegar a su pick #27, así que subieron desde él pagando además el pick de 3ª ronda de 2017 (#91), el pick de 1ª ronda de 2018 (#22 general). No fue barata la cosa.

El equipo actual

Lo que igual no tienes en mente es que Mahomes le está costando a los Chiefs aproximadamente $4M anuales de media contra el cap en los 4 años de su contrato rookie, contando este año 2020. Teniendo en cuenta que actualmente tienen tan solo $2.5M libres de espacio salarial, se podría decir que gracias al bajísimo coste actual de Mahomes, los Chiefs están pudiendo rodearle del talento necesario para poder construir equipos como el campeón de la pasada Superbowl y ser contendiente de esta próxima. Nueve jugadores de la plantilla impactan por encima de los $10M en el cap y cinco de ellos por encima de los $16M. Esos 9 jugadores consumen casi el 62% del cap de los Chiefs. Para ahorrarte la búsqueda, te diré que son Frank Clark (DE, 19.3M), Tyreek Hill (WR, 17.7M), Sammy Watkins (WR, 17.1M), Tyran Mathieu (FS, 16.3M), Chris Jones (DT, 16.1M), Eric Fisher (LT, 14.9M), Anthony Hitchens (ILB, 12.7M), Travis Kelce (TE, 11.2M) y Mitchell Swartz (RT, 10.8M). No, no sale barato tener un equipo campeón de la NFL.

En esta offseason previa al cuarto año de los jugadores elegidos en aquel draft de 2017, los Chiefs obviamente, han ejecutado sobre Mahomes lo que se conoce como la opción de 5º año del contrato rookie, que no es otra cosa que la opción unilateral de los equipos a ampliar un año más este contrato, a cambio de un salario promedio de los 10 mejores de su posición. Esto hará que en 2021 el jugador perciba e impacte contra el cap $24.8M (casi $20M más), que seguramente te parecerán una fantástica idea si has empezado a escuchar que los rumores y el mercado hablan de una oferta superior a los $40M anuales en el próximo contrato de larga duración de Mahomes. Pero lo que estás pasando por alto más allá de esa subida de casi $20M del QB, es que Sammy Watkins y Chris Jones terminan contrato este año y serán los principales candidatos para salir del equipo, sobre todo porque los repuestos parecen estar ya en la plantilla. Hardman y Robinson deberían ser capaces de sustituir al receptor y Khalen Saunders al tackle. Aunque esto segundo es mucho suponer. Jones acaba de reconocer que las negociaciones para renovarle están tan paradas, que no hay negociaciones. Pero pensemos que será viable sustituirle por cuanto que los números son maleables y un par de jugadores se pueden sustituir habiendo drafteado adecuadamente y con un buen sistema, ya que tienes al mejor quarterback de la competición y a uno de los mejores entrenadores. Así que los Chiefs tendrán su ventana de oportunidad garantizada al menos durante 2020 y 2021.  

Foto: Getty Images

2022. Año I del veterano Mahomes

La historia se complica en la offseason de 2022. Ese contrato de más de $40M de Mahomes entrará en vigor y será también el momento de renovar a Tyrann Mathieu (FS), Eric Fisher (LT), Mitchell Swartz (RT), Travis Kelce (TE) y seguramente algún otro que durante esos dos años haya empezado a destacar en unos Chiefs que estarán compitiendo por todo. Los números para poder hacer todo eso posible y seguir alargando la ventana de oportunidad se habrán reducido en al menos $35M al año respecto a los de hoy por el megacontrato de Mahomes, y habrá mucha gente clamando por su dinero o muchas piezas del actual puzzle que ya no lo merecerán. Lo cual es un escenario aún peor, porque eso significará que el equipo no ha cumplido las expectativas y se desvanece. Justo cuando van a empezar a pagar más de 40 millonazos a Mahomes.

En ese contexto, en el de tener que prescindir de al menos cuatro o cinco de los jugadores que ocupan actualmente posiciones clave en el equipo para hacer espacio salarial al quarterback, es donde seguramente ni los drafts, ni los sistemas, ni los entrenadores alcancen. Aquella lista de nueve, incluye al principal pass rusher, los dos jugadores más importantes parando la carrera, su jugador básico en la secundaria, sus tres principales receptores y sus dos tackles titulares. Cualquier agujero será muy difícil de cubrir, y más aún a bajo coste. Cinco es un reto sólo para genios.

De la misma manera que estaba seguro de que en 2021 seguías en el barco de Mahomes, en este nuevo panorama de equipo en el que el quarterback ya no podrá contar con gran parte de esos jugadores de esa lista dentro de 3 años no lo tengo tan claro. Y a buen seguro que ya te estás empezando a plantear cosas, aunque no atañen aún al propio Mahomes. Aún.

Foto: Asociated Press

Otros casos en el pasado

He escuchado en multitud de ocasiones, y también dicho no lo niego, frases como “detrás de la OL de Dallas juega cualquiera”, “llevan malgastando el talento de Aaron Rodgers diez años”, “seguro que Belichick consigue que Stidhan sea bueno y vuelve a ganar la división”, “Russell Wilson está más solo que la una”,… Y apuesto a que tú has dicho alguna de ellas en alguna ocasión. Frases que solían aludir a que o bien el QB no es imprescindible o bien que necesita de una complicidad de calidad para conseguir competir por el título. Pero estas frases son sólo opiniones. Más objetivo es el hecho de que en los últimos 20 años, en hasta 9 ocasiones el campeón tenía un QB en contrato rookie o en su extensión de 5º año. Es decir, por debajo de coste de mercado. Y de la misma manera que en 5 ocasiones el ganador repitió después de ganar en contrato rookie (Brady -3-, Roethlisberger y Eli Manning), hubo otras 8 en que el equipo que ganó no volvió a ganarla con el mismo QB. Ni Rodgers, ni Brees, ni Flacco, ni Wilson han sido capaces de reeditar título una vez firmaron sus contratos de veterano. Peyton tampoco pudo hacerlo en ninguno de los dos equipos en los que ganó el anillo. Sólo Eli Manning, Roethlisberger y Brady (3 veces), que siempre ha tenido fama de renunciar a parte de su salario en beneficio de conseguir mejores compañeros, han sido capaces de reeditar campeonato habiendo firmado como veterano.

Los Patriots han sido durante mucho tiempo el elemento discordante de la competición, por su éxito y por su modelo de gestión, que no paga a sus jugadores con grandes contratos por encima de su valor de mercado. A Belichick no le ha temblado el pulso cuando ha tenido que dejar marchar a cualquiera de sus piezas clave, incluida la del quarterback, cuando lo hizo con Drew Bledsoe hace 20 años. Y lo ha vuelto hacer este año cuando Brady ha dejado de estar por la labor de jugar a bajo coste. Por eso, que los Chiefs puedan refinar su modelo para alargar su ventana de oportunidad incluyendo la extensión de Mahomes parece una posibilidad, pero los resultados en el pasado y las previsiones de la platilla a futuro avalan lo contrario, que es más complejo repetir triunfo en la Superbowl con un QB en contrato de veterano que con uno en contrato rookie. Lo sé, sigues escéptico. Mahomes tiene ese algo especial, sobre todo este año después de ganar una superbowl que tenía prácticamente perdida. Es inevitable amarle. Como inevitable para los Ravens fue amar a Flacco en 2013. Tan oportunista como cierto.

Bill Belichick. Foto: USA Today

Inevitable será también el descenso del cap para los próximos años si el impacto de la pandemia por el COVID-19 impide jugar sin espectadores este año. Así como el probable descenso de la oferta de los contratos de las televisiones para 2023 y los años siguientes. Algo que obligará a más de un equipo (los Chiefs no serán una excepción) a dejar marchar a alguna de sus figuras.

Enfoque positivo

Pero basta de hablar en negativo que nos deprimimos. Vamos a lo positivo. Hemos hablado de que hasta 6 quarterbacks en contrato rookie ganaron el campeonato en las últimas dos décadas. Y es bueno recordar que Andy Reid sólo tardó un año en formar a Mahomes y tres en ganar el anillo, dejándose abierta una ventana de oportunidad de otros dos años (2020 y 2021). Pero si el panorama a partir de ese tercer año (2022) en que tendrá que empezar pagar a Mahomes es tan peliagudo por tener que perder a una gran cantidad de sus estrellas, ¿por qué no podría Andy Reid valorar renunciar al quinto año de Mahomes  y decidir venderlo a un precio justo? Tranquilo, tómate tu tiempo.

Me explico. Agotar esos dos años de contrato rookie implicaría tener que dejarlo marchar gratis a cualquier equipo (incluidos los de su división) o tener que taggearlo, lo que expondría a los Chiefs a un holdout. Esperar a la offseason que viene para ofrecerle en el mercado al mejor postor sería una carnicería y una subasta tremenda. ¿Qué equipo no le querría? ¿Cuánto estarían dispuestos a pagar? Si Khalil Mack valió 2 primeras rondas, ¿por qué Mahomes no podría valer como mínimo 3? ¿O incluso 4? ¿O un paquete de picks equivalente? Imagina equipos como los Colts, los Vikings, los Bears, los Cowboys o los Saints (cuando se vaya Brees), que estarán a un buen QB de ser equipos contendientes. Con Mahomes serían favoritos número 1. ¿Por qué no ofrecer 4 primeras rondas, que son jugadores sin contrastar y que podrían no cristalizar en una estrella de la liga como sí lo es Mahomes, que les convertiría desde ya en favoritos al título?

Para los Chiefs, todos esos picks supondrían el capital para subir quizá a por Trevor Lawrence o para escoger a otro QB al que formar durante un año y lanzarlo al ruedo rodeado de una plantilla élite, ya que la mayoría de los jugadores de aquella lista de 9 estarían en condiciones de seguir compitiendo debido a su juventud. A lo cual habría que añadir una gran cantidad de jugadores jóvenes de muchísimo talento (varios de primera ronda) que rejuvenecerían y abaratarían la plantilla mientras generan su siguiente ventana de oportunidad. Uno de ellos quarterback, para volver a invertir dos años en él y generar otra ventana de tres años. ¿Por qué no un modelo así en lugar de hipotecarte y exponerte como lo hicieron los Packers con Rodgers y los Seahawks con Wilson? ¿Por qué no dejar de sobrevalorar la figura del quarterback y plantear la configuración de la plantilla como la que te ha llevado a la cima?

Andy Reid y Patrick Mahomes. Foto: Charlie Riedel / Asociated Press

Una filosofía como la que el propio Andy Reid aplicó el pasado año a su defensa, vendiendo a dos de sus estrellas a cambio de mejorar el resto de la unidad. Recuerda su rendimiento después de aquel 3ª y 15 en la pasada superbowl. ¿Y si enseñar a jugar a un QB no es tan complejo cuando todo lo que está a su alrededor funciona? Si funcionó vender a Justin Houston y Dee Ford para mejorar la defensa, si invertir un año de aprendizaje en un QB rookie sirvió con Mahomes, Brady y Wilson, y si invertir alguno más sirvió con Roethlisberger y Eli Manning. ¿Por qué no reeditar ese modelo que implica muchos menos riesgos cuando tienes a Andy Reid como entrenador, frente al de pagar $40M (con al menos 3 años garantizados) a un solo jugador? ¿Por qué es descabellado ver el titular de ‘Mahomes está en venta’ en la prensa? ¿Te sigue pareciendo igual de descabellado? ¿Por qué?

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Las 1001 fantasy

El equipo del podcast de Spanishbowl Las 1001 fantasy me invitó a hablar del capítulo del libro sobre fantasy y me trataron de una forma increíble. Fue una experiencia fantástica que espero que le pueda servir a algunos a conocer cómo juego yo a este juego apasionante de la fantasy de la NFL.

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Touchdown Brothers

Mis TD Bros se tiran el rollo y de qué manera presentando mi libro La Offseason en sociedad a sus seguidores, algo por lo que les estaré eternamente agradecido. Luego, repasan un montón de películas y documentales relacionados con el fútbol americano. La gran mayoría, junto con muchos otros títulos, están detallados en el capítulo 8 del libro. Fundamental (el libro y su canal de Youtube) para sobrevivir a la parte de la offseason pos draft.

Gracias Lex e Iker.

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Zona Gigantes

Mis colaboraciones en el podast de mi equipo, los New York Giants, Zona Gigantes. En formato podcast y en formato video de youtube.

Análisis de los últimos movimientos de la gerencia y previsión de la próxima temporada.

Retransmisión en directo del draft en el canal de Youtube de Zona Gigantes.
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Café Lombardi

El mejor podcast de NFL en castellano me abrió sus puertas durante una tertulia que no olvidaré nunca. Hablamos del libro y de si habrá temporada 2020 en la NFL. El COVID 19 lo ha puesto todo patas arriba.

Gracias Jose Villelabeitia, Tomás Monge, Michel López de Toro y Miguel Ángel Angulo, fue muy especial charlar con vosotros para alguien que siempre está al otro lado escuchandoos.

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